Gana el país

Es obvia la importancia que tiene el agro para la generación de riqueza. Riqueza que luego, a través de otras actividades, se va distribuyendo en el quehacer nacional. Esto es evidente, no necesita demostración: se ve. Otras actividades, sin ocupar el primer puesto, también son generadoras de riqueza. De algunas los uruguayos son conscientes: el turismo es una, la actividad financiera es otra (aunque pocos lo reconozcan), en estos tiempos todo lo que tiene que ver con programas de software ocupa un lugar relativamente destacado.

Sin embargo, hay un servicio que vino con la fundación de Montevideo, que le deja al país mucho dinero, pero la gente le presta poca atención. Se trata de las operaciones portuarias.

Quienes viven en la rambla pueden percibir su importancia con solo ver en el horizonte, los buques de carga esperando para entrar a la bahía. El intenso trajín del puerto puede percibirse en la franja de la bahía que va desde la Ciudad Vieja hasta la Aguada. Está a la vista, aunque pocos le presten atención.

El puerto importa por los recursos que vuelca al país y el reciente fallo del Tribunal de lo Contencioso Administrativo así lo avala. Se trata de un fallo de una enorme importancia porque cierra una disputa que llevaba años y ahora permite poner la mirada en el futuro.

Para los integrantes del anterior gobierno este es un fallo que merece celebrarse. Pese a las duras acusaciones de Mario Bergara y Charles Carrera, que recurrieron a la Justicia contra el acuerdo logrado durante la presidencia de Lacalle Pou con Katoen Natie (Terminal Cuenca del Plata), el fallo avala los términos de ese acuerdo en casi todo y ciertamente en lo que es importante.

Si bien no faltaron los dirigentes frentistas que celebraron ese único artículo cuestionado por el tribunal, el fallo reafirma que el acuerdo se hizo en forma correcta y que nada hay en el de ilegal.

Más allá del festejo de los partidos de la Coalición y en especial de Luis Alberto Heber que fue el ministro que negoció ese acuerdo, el verdadero ganador es el país, en la medida que el fallo da una clara señal para futuros inversores: acá las cosas tal vez son lentas, son engorrosas, pero al final del camino se puede contar con una Justicia que garantiza solidez, conocimiento de las leyes y de los temas cuestionados y un fuerte sentido común.

Cuando alguien hace una inversión del tamaño de la que hizo Katoen Natie (que es socio del Estado en este negocio), espera cierta estabilidad económica, política y judicial. No son inversiones que se recuperan en poco tiempo y por lo tanto tienen la mirada puesta en el largo plazo.

Tampoco lo hacen de forma antojadiza ya que, así como a la empresa inversora le interesa que rinda, el proyecto forma parte de la estrategia que el país tiene para administrar y fortalecer sus puertos. No está sola en esta aventura.

No ha de ser fácil ni para esta empresa ni para otra en similar situación, diseñar su estrategia de inversiones, cuando simultáneamente pende un juicio que puede echar todo para atrás. El fallo da por terminado un episodio de tensión conflictiva y permite ahora sí, despejado el camino, abocarse a lo suyo. Por eso, es una buena señal.

Lo es más en un país donde se está agudizando a extremos preocupantes una innata tendencia a nunca dar por cerrado ningún tema.

Ni siquiera aquellos en los que, consulta popular mediante, la población dio una respuesta contundente. Siempre hay que revolver más, siempre hay que darle otra vuelta a lo ya aprobado.

El fallo sirve para fortalecer un rico proceso que se inició en los 90 para transformar los puertos uruguayos. La famosa reforma portuaria aprobada durante la presidencia de Lacalle Herrera puso fin a décadas de un funcionamiento ineficaz y caro y le dio al puerto un necesario sentido. Fue un cambio extraordinario.

El acuerdo que permite el surgimiento de la Terminal Cuenca del Plata se hizo en tiempos de Jorge Batlle, que destrabó una absurda situación en la adjudicación de la terminal de contendedores. Se dio así, otro paso en el renovador funcionamiento portuario.

El fallo de esta semana se suma entonces a este proceso. Termina con una discusión que podía ser paralizante y revitaliza al puerto como fuente de ingresos en una actividad que abre el país al mundo.

Estos ingresos, nada menores, se suman a los de otras fuentes de producción y de servicios, que, al volcarse al quehacer económico van mejorando la calidad de vida de los uruguayos. Es esto lo que importa.

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