Francisco C. Lavandeira

Han corrido 130 años desde el día en que aquel joven gallardo, abogado, periodista y catedrático de Economía Política, que se llamó Francisco Caraciolo Lavandeira, caía ultimado por mercenarios, defendiendo el derecho cívico.

Nacido en el departamento de Florida, en la estancia paterna, el 4 de julio de 1848, hijo de don Sixto Lavandeira y de doña Carolina Muñoz, Villa Guadalupe residencia habitual de sus padres, fue donde transcurrió su niñez. El padre lo envió a Buenos Aires, donde cursará estudios de Derecho. Recibido, revalidó el título universitario en el país y entró a dictar en 1873 la Cátedra de Economía Política en la Universidad de la República.

Intervino en la Revolución de las Lanzas de Timoteo Aparicio —1870-72— y en este último año junto a Agustín de Vedia, Román García y Alfredo Vásquez Acevedo, fundó "La Democracia", en cuyas columnas sus editoriales marcarían a fuego los principios de la libertad y la necesaria consolidación institucional.

Presidía la República desde el 1º de marzo de 1873, José Eugenio Ellauri, hijo del constituyente José Ellauri, quien se había graduado de abogado en 1857 a los 23 años de edad. Anteriormente había ocupado la cartera de Relaciones Exteriores en el gobierno de Lorenzo Batlle y una banca en el Senado, pocos días antes de su elección presidencial, en la que incidió el voto de radicales y netos —estos llamados despectivamente candomberos— contra los principistas que sostenían la candidatura de José María Muñoz.

La gestión de Ellauri navegó entre la oposición principista —una pléyade brillante de universitarios—, el crecimiento de la influencia militar y la no solucionada crisis económica. Fue así que en medio de una inestabilidad pronunciada, se llegó a la elección de Alcalde Ordinario de Montevideo, fijada en principio para el 1º de enero de 1875 que debido a serios incidentes fue postergada hasta el día 10.

Las rivalidades no estaban superadas y aquel 10 de enero de 1875 se convirtió en un día negro. Las urnas colocadas a la entrada de la Iglesia Matriz. En torno a la plaza, los distintos grupos, siguiendo el desarrollo de la elección. El candidato de los principistas era Pedro Varela, el de los candomberos, Manuel Pérez. Junto a un ombú estaban Lavandeira, los Viana, Arrúe y otros, cuando Isaac de Tezanos inició un tiroteo. Los contendores se trabaron en pelea, pero Lavandeira ya estaba muerto "debajo del ombú, muy cerca de su matador que tenía la cabeza partida de un sablazo aplicado por un joven de color, asistente de Ricardo Flores".

Varios más cayeron para siempre en ese lamentable 10 de enero. Abandonaron sus carteras los ministros Pérez Gomar, Saturnino Alvarez y Pedro Bustamante, condenando el "escandaloso y criminal atentado". El 14 de enero se nombraron nuevos secretarios de Estado, pero ya la suerte del gobierno de Ellauri estaba sellada. El día 15, fue impuesto Pedro Varela como gobernador provisorio. Ellauri buscó refugio en el consulado brasileño y luego en barco de igual bandera.

En uno de los tantos aniversarios de la muerte de Lavandeira, siempre evocados por el Partido Nacional, don Julio César Aguirre, desde El País, expresaba: "Frente al edificio de su diario que justamente lleva el nombre de La Democracia y a la urna electoral, depositaria de la opinión del pueblo, cae Francisco Lavandeira; defiende a ambas en medio de la plaza hasta ofrendar su vida, doble mártir del sufragio y de la democracia. Sería necesario aún el holocausto de Saravia y Beltrán —como lo fue antes el de Leandro Gómez— para afianzar las instituciones y los derechos individuales, pero el sacrificio de Lavandeira fue como un lampo de luz que aún ilumina el derrotero de la dignidad cívica".

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