Rodolfo Sienra Roosen
Ahora reprochan a quienes le dieron su voto a Mujica para la presidencia de la República. Y bueno, son las cosas del Frente. En última instancia la decisión fue del misterioso Plenario copado por los comunistas que son -por estatutos de cemento- los que le marcan la cancha a la coalición, y ésta a su gobierno, que se proclama frenteamplista, no nacional. El plenario elige Presidente, mandata legisladores -que a veces se le disparan- sanciona rebeldes, hace y deshace. Los comunistas se han especializado, siendo minorías, en acceder y manejar el poder. Pasó con los bolcheviques en 1917 y desde entonces Lenin les dejó el legado de los ingredientes de la receta mágica propia de una famosa bebida cola, o de la pócima secreta que el druida Panorámix preparaba al galo Asterix, en la tira inolvidable que con el libreto de Goscinny y el dibujo de Udezo, deleitara tantas generaciones. Aquí, se la aprendieron de memoria y sindicatos mediante, les dio buen resultado.
El gobierno de Vázquez encontró un antídoto. Puso a todos los cabeza de lista en el gabinete y tomó distancia de la diabólica burocracia de la coalición. Mujica sucumbió a ella, porque no tiene condiciones de gobernante, le vendió el alma al diablo, pero además porque el FA ya le tomó el gusto al poder, lo cual es decisivo, porque por esta última razón, de aquí en adelante, ni Vázquez ni Mandrake, podrán ordenar esa olla de grillos. Una vez que le dieron poder a las bases comunistas ¿quién se lo saca?
Pero seis años de gobierno desgastaron al Frente. Hay un equipo económico "oficial" que respondería a Astori y otro paralelo que interfiere con él y lo contradice. Hay un gobierno formal -que se muestra, sí pero que no gobierna- y otro paralelo que quiere gobernar pero tampoco lo logra. En los dos está el MPP, un flan político, un frente dentro del Frente, pero en el gobierno paralelo son más sólidos los comunistas.
El Frente gobernante formal, se pisa la cola. Daniel Martínez dijo en Salto que ni Vázquez ni Mujica serían nada sin la coalición, y es verdad, pero se refirió a una coalición que ya fue, no a ésta, que es solo un aglomerado que difícilmente pueda recomponer sus piezas sueltas. Nunca segundas partes fueron buenas.
Pensándolo bien ¡qué momento para la oposición! Pero no para esta que se mueve a pasos paquidérmicos, sino pa-ra una oposición que no se quede en el debate lógico en el Parlamento o en los medios, que aunque no quiera coaligarse -que sería elemental- por lo menos bajara a la cancha y saliera a hablar con la gente, que tome iniciativas y que no espere, que acorrale a un gobierno sin pilotos, que tenga capacidad de propuesta, de respuesta y de denuncia del drama de la educación, de la seguridad, y de cómo se van entregando de a poco los espacios, en la embestida hacia el fin del Estado de Derecho y las garantías individuales. A una oposición activa, vigorosa, estridente, que no se quede esperando a que pase la carroza para verle el color a los caballos…