Es falso, porque no puede ser verdad

LUCIANO ÁLVAREZ

En 1947, se publicó "I chose Freedom" (Yo elegí la libertad) de Victor Kravchenko, un alto funcionario soviético que pidió asilo en los Estados Unidos. En él se detallaba minuciosamente el funcionamiento totalitario de la URSS a través de una mirada realista y profunda sobre los seres humanos y la idiosincrasia de víctimas y torturadores, de pomposos personajes y gente simple.

Por ese entonces el Partido Comunista Francés era el mayor de Occidente, el primero en su país; también el más ortodoxo. Tenía el 28,6% de los votos, medio millón de afiliados y había logrado capitalizar para sí buena parte de las glorias de la Resistencia.

"Les Lettres Francaises", órgano del Comité Nacional de Escritores, tenía un enorme peso y prestigio. Si bien sus páginas eran aparentemente plurales, estaba bajo la órbita del Partido (la marca todavía le pertenece). Era dirigida -en aparente secreto- por el poeta Louis Aragon. Claude Morgan y André Wurmser eran sus redactores responsables, todos comunistas.

El 13 de noviembre de 1947 publicó un artículo titulado "Cómo se fabricó a Kravchenko". El autor era Sim Thomas, periodista americano cuyas fuentes eran miembros de los servicios secretos estadounidenses, se afirmaba. La tesis era simple y eficaz: Kravchenko no podía ser el autor del libro: era un iletrado, un borracho, un farsante, un débil mental, un mujeriego, que había logrado hacer carrera en la URSS falsificado informes y que, por fin, había vendido su firma a los servicios secretos americanos.

Informado por su editor francés, Kravchenko inició un juicio por difamación e injurias. El 24 de enero de 1949 una multitud rodeó el tribunal y 400 periodistas asisten a las sesiones que se prolongarán hasta el 4 de abril. La Guerra Fría ya estaba en marcha y el episodio interesaba por igual a norteamericanos y soviéticos que siguieron el caso de cerca.

"Les Lettres francaises" tituló que "El acusador será el acusado", pese a que el tribunal les recuerde que no es Kravchenko quien debe demostrar que no es un mentiroso", sino que Morgan y Wursmer deben aportar las pruebas de sus dichos.

Poco les importa. Morgan sostiene que defienden "el pensamiento francés", lo que les da "el derecho de decir que un gato es un gato y Kravchenko un traidor." Para Wursmer, "la Historia nos ha enseñado que cualquiera que se diga antisoviético es por eso mismo, antifrancés".

"Les Lettres francaises" basan su defensa en el prestigio de los intelectuales que los respaldan y en algunos oportunos testigos enviados por el gobierno soviético de entonces.

Por el estrado desfilan, entre otros, el hispanista Jean Cassou, los poetas Paul Éluard y Louis Aragon, el filósofo Roger Garaudy, que lo hacían por el mero peso de su prestigio y el testimonio de sus peregrinaciones a la "Patria socialista". Frédéric Joliot-Curie, premio Nobel de Química en 1935, elogió los institutos de educación y los laboratorios que había visitado en la URSS y acusó a Kravchenko de promover "una tercera guerra mundial.

Caso interesante fue la deposición del historiador Jean Bruhat. Sin haber pisado la Unión Soviética ni hablar ruso, su "Historia de la URSS", pasaba como una obra de referencia. Según Bruhat, "Yo elegí la libertad" no sólo era "inverosímil", sino que "no puede hacerse la historia de una revolución contando las baldosas rotas".

También pasaron por el estrado personajes políticos como Emmanuel d`Astier de la Vigerie, un noble convertido al comunismo, ministro de Interior de De Gaulle, el general Ernest Petit, también vinculado al Partido. El ex ministro Pierre Cot dijo que al conocer la URSS comprobó "que existe una gran unidad entre el pueblo y el gobierno".

El historiador Alain Decaux resumió todas estas exposiciones en una sola frase: "Es falso, porque semejante cosa no puede ser verdad".

Los soviéticos también aportaron sus testigos: durante el séptimo día se presentó Zinaida Gorlova, ex esposa de Kravchenko quien aseguró que había sido un marido indigno, violento, alcohólico, que la había obligado a abortar tras el nacimiento de su primer hijo.

Kravchenko reaccionó gritando que ella no podía decir otra cosa porque toda su familia estaba prisionera en Rusia y que su padre había muerto en las purgas. Zinaida Gorlova no volvió a la sala. Mientras la redacción de "Les Lettres Francaises", le ofrecía una cena, se quebró y reconoció que Kravchenko había dicho la verdad. En el acto fue repatriada.

El que jamás apareció fue el iniciador del caso, el periodista Sim Thomas.

Por la parte acusadora se presentaron ignotos escapados del Gulag, que contaron con palabras simples y conmovedoras sus padecimientos. No comparecieron intelectuales pero sí algunos testigos particularmente incómodos como Francisque Bornet un ingeniero que había pasado cinco años en un campo soviético junto a un grupo de republicanos españoles y Margaret Buber-Neumann, esposa del dirigente comunista Heinz Neumann, ex combatiente de la Guerra Civil española, por entonces "desaparecido". Margaret había sido deportada a Siberia hasta que, por el pacto germano-soviético, fue devuelta a los nazis e internada en el campo de Ravensbrück, del que sobrevivió milagrosamente.

El juicio concluyó con un aparente triunfo de Kravchenko: Morgan y Wursmer fueron condenados a pagar 150.000 francos, aunque el juez no dudó en recordar que los demandados eran "resistentes y patriotas", mientras que el demandante "había abandonado su país en plena guerra".

Pasó el tiempo. En 1979, André Wurmser publicó sus memorias (Fielmente vuestro, sesenta años de vida política y literaria) y Claude Morgan las suyas (Don Quijote y los otros). Entonces comenzó a conocerse la verdad sobre el caso; otros también hablaron: Sim Thomas, el autor del artículo "Cómo se fabricó a Kravchenko" nunca existió.

El verdadero autor era André Ulmann (1912-1970), periodista francés y agente soviético. Morgan y Wurmser lo sabían desde el principio. A esa altura Victor Kravchenko estaba muerto desde 1966; el caso y su libro habían caído en el olvido.

"Yo elegí la libertad" no sólo era "inverosímil", sino que "no puede hacerse la historia de una revolución contando las baldosas rotas".

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar