CARLOS MAGGI
A diferencia del Uruguay (que estudia y discute profundamente sobre el poder y el dinero de los maestros, de los profesores y de los estudiantes) el resto del mundo insiste en estudiar y discutir el resultado del trabajo docente.
Es bueno preguntar:
¿Nuestros jóvenes de 15 años, están preparados para enfrentar con éxito las tareas de análisis, razonamiento y comunicación que exige la sociedad contemporánea? ¿Se estimula suficientemente la facultad creadora? ¿Quién forma a los demócratas que no creen en la libertad?
Circulan muchos libros y monografías que se preguntan qué quiere decir la expresión: saber leer y escribir; porque no es fácil ubicarse en nuestro tiempo, ni es fácil dar respuestas, ejercitando la facultad de pensar libremente.
Es bien sabido que las comprobaciones en nuestro país resultaron alarmantes.
Las cifras promedio indican que nuestros jóvenes, saben y piensan menos que los jóvenes de los países evolucionados.
En consecuencia, la primera necesidad presupuestal debe ser: recuperar la enseñanza; que los resultados manden.
Es buena ocasión, cuando se discute el Presupuesto General, para hacer un repaso de los hechos y los dichos que estamos presenciando.
En estos días, la enseñanza en estado incandescente, bulle y quema.
Más allá del tironeo por el dinero y las medidas de fuerza para sacar tajada (que siempre son espectaculares por ser de acción directa) hay de fondo una confrontación de ideas donde queda implicada la laicidad.
Desde el 1º de julio Álvaro Rico es el nuevo decano de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación y en declaraciones publicadas por "Búsqueda" y por "La República", Rico hace saber de su trabajo y de su orientación:
-Estoy "haciendo entrevistas a distintos dirigentes del FA sobre la hora que vive el Uruguay, preguntando sobre cómo se puede superar el capitalismo, en caso de que alguien se lo proponga".
"En la década del 60, para la izquierda, el socialismo era un régimen que se implantaba después de la toma del gobierno o del poder por parte de las izquierdas".
"Pero tengo la impresión, me puedo equivocar, que Arismendi se proponía desarrollar un poco más el capitalismo, quizás mucho más".
Siempre me llamó la atención que Arismendi, en Moscú, publicara una serie de trabajos referidos al italiano Antonio Gramsci, un desconocido para la izquierda uruguaya, en ese momento... No para Arismendi, pero sí desconocido para la cultura comunista, con una muy fuerte impronta leninista, junto a la profunda democratización de la sociedad. Y ese era el contenido de la propuesta de democracia avanzada". (1)
Eugenio Baroffio escribe:
Días pasados, un par de reportajes, uno a un profesor universitario y otro al decano de una de sus facultades públicas, el semanario "Voces" exhibía declaraciones de ambos en los cuales de forma explícita y desvergonzada admitían algo que antes todos sabíamos, pero ellos pretendían encubrir bajo la sutileza de la supuesta "libertad de cátedra": la Universidad de la República no sólo es de izquierda (predominantemente marxista), sino que su oligarquía docente está notoriamente emparentada de modo dogmático con el partido de gobierno.
En su Proyecto de resolución presentado al Congreso del Prolekult (8/10/1920), Lenin sostenía que "En la república soviética obrera y campesina, toda la organización de la instrucción … debe estar impregnada en el espíritu de la lucha de clases del proletariado, por el feliz cumplimiento de los fines de la dictadura…" y en su discurso ante la Confederación Rusa de órganos de Instrucción Política (3/11/1920), exponía que "lo principal que deben hacer nuestros camaradas que tomen parte con nosotros en la labor mancomunada de cultura e instrucción es la vinculación de la instrucción con nuestra política …No podemos dejar de plantear el asunto abiertamente, sin tapujos, pese a toda la vieja mendacidad, que la enseñanza no puede estar desligada de la política".
Más cerca en el tiempo y en la geografía, en los Congresos de Educación y Cultura de la Cuba que tanto admira nuestra izquierda, se sostienen posiciones muy semejantes, al punto de sostener que "la función del maestro en nuestra sociedad socialista tiene una extraordinaria significación, pues su responsabilidad fundamental es la formación ideológica de las nuevas generaciones".
El rector de la Universidad ORT, Jorge Grünberg, escribe:
-Hace ya varios años que los organismos internacionales especializados en estos temas recomiendan que los países instrumenten mecanismos de evaluación de sus universidades.
Existe un consenso entre todas las universidades de nuestro país y el Ministerio de Educación sobre la conveniencia de que exista una Agencia evaluadora. El Ministerio de Educación elaboró en 2009 un proyecto para crear una agencia de promoción y aseguramiento de la calidad de la educación terciaria (Apacet). Pero en ese proyecto, la UdelaR estaría eximida de cumplir las normas nacionales y al mismo tiempo verificaría que las demás universidades las ejecutaran. No se propone pues, un genuino mecanismo nacional de evaluación sino un régimen discriminatorio. (El País, 9/8/10).
COMENTO: De aplicarse este proyecto, el 80% de los alumnos universitarios uruguayos (100.000 estudiantes) no tendrían derecho a que su educación fuera verificada en forma independiente del Estado. Su título se vería así, fuertemente desvalorizado.
A las denuncias por violación de la laicidad de la enseñanza superior en cuanto a la acción política de los profesores y decanos, vendría a sumarse el hecho de dejar en manos de la Universidad de la República controlar la enseñanza privada.
Obrando fuera de todo control quedaría en manos de la UdelaR, acentuar la ceguera, el atraso del pensamiento político.
Sobre este último aspecto, cabe un consuelo; a la larga, los esfuerzos fanáticos resultan contraproducentes; los ateos más recalcitrantes suelen formarse en los seminarios católicos. El mayor horror al comunismo se vive actualmente en Rusia y los países que fueron sus satélites. La población del Uruguay, pese a 20 años de Universidad marxista, sigue eligiendo la libertad.
----------------------------
(1) La profunda democratización de la democracia avanzada, que propugnaba Rodney Arismendi, no suponía el mantenimiento de la libertad, ni el respeto por la Constitución. Al iniciarse la dictadura, el 11 de febrero de 1973, "El popular", diario del Partido Comunista se plegó dócilmente, al golpe de Estado:
-"Nosotros hemos dicho que el problema no es el dilema entre y el poder civil y el poder militar"… "Creemos que para esta obra de auténtica recuperación nacional se necesita el esfuerzo de todos los orientales honestos, sin distinción de civiles y militares, con la única determinación de ser patriotas y de creer en el pueblo".