ALFONSO LESSA
En medio de la polémica por las nuevas medidas tributarias y sobre el secreto bancario y cuando pende la autocrítica de los partidos sobre el reciente ciclo electoral, la historia irrumpió nuevamente para instalarse como tema del presente: la detención de la presunta autora de la esquela que acompañó a los vinos envenenados que acabaron con la vida de Cecilia Fontana de Heber, acaparó titulares y expectativa.
El viernes, al mismo tiempo que la ex policía acusada de haber escrito la esquela declaraba ante la Justicia, José Nino Gavazzo y Gilberto Vázquez lo hacían por el secuestro de los hermanos Julien, luego de la muerte de su padre y la desaparición de su madre en Buenos Aires en 1976.
El asesinato de la esposa de Mario Heber fue uno de los hechos más impactantes de la dictadura, tanto porque se hizo público de inmediato con todas sus siniestras características, como porque se trató de un atentado múltiple que buscaba liquidar de un solo movimiento a buena parte de la conducción clandestina del Partido Blanco. Los vinos, como se sabe, estaban destinados a Heber, Carlos Julio Pereyra y Luis Alberto Lacalle.
El atentado ocurrió en 1978, un año particular de la dictadura: fue entonces que el teniente general Gregorio Álvarez asumió como comandante en jefe del Ejército en medio de una descarnada interna militar. Álvarez llegó a ese cargo duramente enfrentado con los sectores ultranacionalistas expresados por la logia de los Tenientes de Artigas.
La comandancia en jefe era para Álvarez un logro fundamental, pero también constituía un escalón en su intento de llegar a la Presidencia. Y sus enemigos sabían de sus ambiciones.
Fue en 1978 que se abortó un plan para asesinar Álvarez en cuya preparación se había involucrado a paramilitares argentinos; y fue durante ese año que Álvarez descabezó a un sector de sus enemigos internos que editaban la publicación clandestina "El Talero" utilizando infraestructura de la propia Inteligencia militar; la publicación estaba cargada de ataques al jefe del Ejército y su gente. Álvarez aprovechó la ocasión para degradar y arrestar al general Amauri Prantl y a Gavazzo, así como el capitán Luis Maurente, realizándoles una extensa lista de graves acusaciones. Hoy Gavazzo y Maurente conviven con Álvarez en la cárcel.
La interna militar ardía: no era la que exhibía el discurso oficial y es en ese contexto que debe entenderse el atentado que costó la vida a Fontana de Heber, aun cuando haya habido participación de policías que entonces tenían jerarquías militares.
Documentos desclasificados parcialmente por Estados Unidos insinúan que el asesinato pudo estar relacionado con este enfrentamiento. Alguien desde el poder quiso generar un hecho político de imprevisibles consecuencias asesinando a parte de una conducción blanca que era una ineludible interlocutora en cualquier negociación o proceso de salida.
Esta nueva etapa tal vez permita llegar al verdadero autor del plan y esclarecer definitivamente sus objetivos.