El resumen

El resumen siempre es: los pies en la tierra, la mirada en el horizonte, sin gritos y sin grietas”. Con este llamado, Isaac Alfie, quien en pocas horas ya será exdirector de la OPP por decisión propia, culminó ante empresarios y jerarcas públicos un repaso de su gestión de casi cuatro años. Habló de números, de déficits, de superávits, de obras y reformas concretadas y de proyectos en marcha. Se inquietó por “la subida de tono que se ha vuelto común” y “la baja adhesión de los jóvenes a la democracia en Occidente”. Y estos, sin duda, son los números más importantes: el de la inflación del insulto, cada vez más desbocada, y la caída sin freno de la tolerancia.

Alfie es un economista respetado, de larga y reconocida trayectoria como funcionario -en épocas de turbulencias y lidiando con toros bravos-, poco proclive al discurseo, al autobombo. Es parco, serio, de pocas palabras, hace pero más bien se esconde. Digamos que no es simpático y además es hincha de Peñarol, pero nadie es perfecto.

Alfie es un hombre en serio. Conrado Ramos, otro valor, ya como director saliente de la Oficina Nacional del Servicio Civil, en entrevista con Búsqueda, al hablar de lo que pudo hacer para iluminar un poco esa jungla oscura e inmensa que es la burocracia y de lo que le dejaron hacer, resaltó el “apoyo que tuvo todo el tiempo de Alfie y de su equipo”. No del Ministerio de Economía, “uno de los factores que trancó”, advirtió expresamente.

Y pensar que cuando Alfie asumió fue cuestionado, se trató de ensuciarlo y de “escracharlo”. ¿Lo recuerdan? Vino desde el lado de quienes dividen entre pueblo y oligarquía, de quienes afirman como verdad absoluta que si es de izquierda no es corrupto y si es corrupto no es de izquierda; de los creadores de derechos humanos a granel, para la propia conveniencia y uso y abuso de sus pancartas, el último de los cuales es el derecho humano de todo hombre a jubilarse a los 60 años; ¿y los aportes, che?

Ese tipo de cosas explican, supongo, reacciones como la del senador Sebastián Da Silva, tan comentada. Es que la gente se cansa de tanto enchastre gratuito, pienso.

Da Silva es un hombre de discurso vehemente, no es novedad. No se anda con “gre-gre”. ¿Es violento o simplemente responde a la violencia que generan o provocan otros? Aquello de “la violencia de arriba”, en este caso “de enfrente” o del Frente.

Te mojan la oreja un día, te lo “tocan” otro, y así sucesivamente, con discurso cansino y ladino, pocas veces a cara descubierta, muchas más desde la patota y la cobardía del anonimato y de las re-des. Les advertís: “no embromen más che, ocúpense de hacer algo útil”. Un día te hartás y le das una trompada y entonces gritan que sos un violento. Así de simple.

Además lo que dijo el senador -ruines, miserables y algo así-, es un poroto al lado de lo que dijo José Mujica de Javier Milei. El expresidente uruguayo, en resumen, trató de hijo de puta al electo presidente argentino. Algo exagerado. Quizá se encuadre en lo que marcan Lula o el Foro -también hubo que defender o hacer silencio sobre Cristina, apoyar a Massa y elevar a Alberto Fernández a “Clase A”- pero se sale del sentido común, de los límites mínimos.

Estos bichos raros que hacen carrera hablando contra los políticos tradicionales aparecen cada tanto. Fijate Chávez, el mismo Tabaré, ¿lo recuerdan?, ¿y los propios “Tupas”?

¿Por qué unos sí y por qué otros no?

En resumen: eso es lo que calienta.

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