El pobrismo

Javier GarcÍa

Somos diferentes política e ideológicamente. La cultura asistencialista por un lado y la del trabajo por otro, divide claramente dos concepciones entre un sector mayoritario del gobierno y otra parte del Uruguay. La intención de Mujica de dejar sin efecto una rebaja del IVA en forma generalizada, prometida en campaña, para otorgarla en forma exclusiva a una parte de la población más pobre, es la expresión política de un sector que interpreta al Estado como una agencia de asistencialismo económico y que desconoce a la inmensa mayoría de los trabajadores que aportan todo y para los cuales nunca hay una aflojada.

De la emergencia económica y social del 2002 hasta hoy, hay una diferencia sustantiva. El peso del sacrificio recayó sobre miles de trabajadores y empresarios, la inmensa mayoría muy pequeños, familiares y otros cuentapropistas, profesionales y productores que conforman un tejido social que sostiene al Uruguay. Son los que se levantan bien temprano ajustan el cinturón y vuelven tarde a sus casas, que no se dan lujos y viven de su trabajo. Lo único que hace el Estado es ponerles la mano en el bolsillo y complicarles la vida. De sus sueldos y pasividades salió la plata que financió los planes sociales como el de Emergencia y hoy el de Equidad. Lo pagan todo de su trabajo y lo hacen en silencio mientras políticos oficialistas se llenan la boca.

Pero la emergencia pasó, disminuyó la pobreza y la indigencia sustantivamente y cayó el desempleo. Por eso no puede ser normal que nunca se tome en cuenta al que trabaja. Los "diezmilpesistas" o los "quince o veintemilpesistas" no son ricos ni por asomo, son la inmensa mayoría de uruguayos que vive en aprietos, con la tarjeta haciendo calesitas y pagando a crédito mucho de lo que consumen, no son por definición pobres, pero no lo son porque se levantan temprano y doblan el lomo día tras día. ¿Por qué el desprecio oficial hacia ellos? Y si ganan más y lo hacen legítimamente trabajando, ¿por no ser pobres hay que castigarlos? Para Mujica ser pobre es un ideal y eso en su visión es un salvoconducto moral y un escalón ético. En esa cosmovisión el resto debe trabajar no para sacarlos de esa condición sino para financiarla, aunque la perpetúe. Es como una especie de "castigo moral" presidencial.

Lo único que erradica la pobreza es el trabajo. El Estado debe tirarle la mano a los más postergados socialmente, pero no debe transformar en permanente lo que debe ser transitorio. Esta visión "pobrista" de la sociedad empieza a discriminar a la gente entre los que solo reciben y los que siempre dan y nunca se les afloja nada y ya empiezan a sentir resentimiento por esto.

Es malo no cumplir promesas electorales sin duda, pero mucho peor es fomentar la cultura del pobrismo y la chatura que embiste contra la del trabajo y el esfuerzo. Empieza a haber dos clases: los que trabajan y los que reciben. El punto de partida social y económico puede ser distinto, no hay que ser Asistente Social para saberlo, pero lo primero que debe enseñar el presidente es anatomía humana y explicar que todos tenemos dos manos y dos brazos y que se pueden usar para trabajar.

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