JUAN ORIBE STEMMER
Alas Pruebas PISA, se le han sumado los informes del Instituto Nacional de Estadística, el Anuario Estadístico de la Educación y otros estudios. El informe del Banco Mundial sobre igualdad de oportunidades en nuestro país expone un contraste revelador. Por una parte, en el caso de algunos indicadores, "como acceso a la educación primaria y secundaria, Uruguay se encuentra entre el 20 por ciento más alto del mundo". Por la otra, "en cuanto a la progresión a la educación secundaria y la tasa de repetición, Uruguay ocupa un puesto entre el 30 por ciento más bajo del mundo, un desempeño que no está acorde a su nivel de ingreso relativo y nivel de desarrollo social general".
El informe concluye que nuestro país "tiene una tasa de repetición más alta que la mayoría de los países con un PIB per capita similar, como Argentina, México, y Chile" y que "la tasa de repetición en Uruguay es mucho más alta que en Polonia, Lituania, Irlanda o Finlandia, especialmente en la escuela secundaria". Aunque el abandono de los estudios "a nivel primario no es significativo", "la tasa de abandono promedia 6% en el ciclo básico y alcanza un nivel crítico de 25% en la escuela secundaria, llegando casi al 33% en los jóvenes de 17 años de edad".
Las críticas parecen concentrarse en la enseñanza secundaria. Sin embargo, el 21% de los alumnos en primer año de secundaria a nivel nacional "tienen uno o más años de rezago". Es la consecuencia del llamado "pase social" de Primaria a la enseñanza de segundo nivel y que en Secundaria se conoce como "tolerancia". Ahora también se habla de "flexibilización". En esencia son estrategias que aparejan promover alumnos que no tienen el nivel de conocimiento suficiente.
Para la presidenta del Consejo de Enseñanza Secundaria quienes dicen que bajó la calidad de la educación, "suelen ser personas bastante mayores que vienen de la cultura tradicional academicista". Un funcionario del Ministerio de Educación sostuvo que "detrás del concepto de `busquemos la excelencia académica` lo que hay es un fuerte elitismo". Y continuó: "puede ser que un liceo de estos con 3.000 alumnos quede con 2.000. ¿Quién atiende a los que faltan?" (Búsqueda, 12 de mayo).
Un minuto. Tenemos un liceo de 3.000 estudiantes. De ese total, 1.000 probablemente dejarían el instituto si se mantienen niveles académicos altos. Para retenerlos en clase se propone reducir el nivel general de exigencia. Pero, ese resultado se conseguirá al precio de tener 3.000 estudiantes que no reciben una enseñanza de la calidad que necesitan y de perjudicar a los 2.000 que estarían dispuestos a estudiar más. Es una variedad muy extraña de antielitismo. Pero, el ejemplo revela una falsa oposición. Nadie propone excluir a los estudiantes menos preparados. Lo que se necesitan son sistemas complementarios para elevar su nivel. La idea debería ser igualar hacia arriba, no hacia abajo.
La esencia del "flexibilizacionismo" es sacrificar exigencia a cambio de permanencia en el sistema de enseñanza. Es una estrategia inicua, injusta y contraproducente que está condenada al fracaso.
"En la enseñanza el objetivo debe ser igualar hacia arriba, y no igualar hacia abajo".