El arma secreta

Aunque difícil, es posible identificar, envuelto en la espesa niebla de noticias, declaraciones y tweets del presidente Donald Trump, cuatro motivos de su decisión de atacar Irán: cambio de régimen, eliminación de la amenaza de armas nucleares, destrucción de la producción militar iraní; anulación de la marina y la fuerza aérea de ese país; y ponerle fin al apoyo que Teherán brinda a grupos islamistas en la región. Existió un objetivo del cual, inicialmente, se habló poco o nada: la libre navegación del estrecho de Ormuz.

El primer y principal objetivo, inducir un cambio de régimen en Irán y catalizar un movimiento que reemplazase la teocracia dominante por un sistema más democrático, no fue conseguido. La eliminación del líder supremo y de buena parte de la nomenclatura cambió la cúpula, pero no el régimen. No emergió ninguna Delcy. La agresión consolidó, aunque sea en el corto plazo, a los más conservadores. Tampoco se ha producido el levantamiento popular. Lo que indica que el régimen mantiene su capacidad de represión.

El segundo objetivo fue terminar de eliminar el programa de producción de armas nucleares (que ya había sido atacado). Este objetivo parece haberse conseguido. Irán se comprometió a no procurar la posesión de cualquier tipo de arma nuclear.

La destrucción de la industria de producción de misiles de largo alcance y de drones y de la marina y la fuerza aérea iraníes se han conseguido. Pero no soluciona el asunto clave.

A pesar del dominio del espacio aéreo iraní por los EE.UU., la semana pasada, Washington y Teherán acordaron un cese de las hostilidades de dos semanas. En estos días el gobierno iraní dio a publicidad lo que dice fueron sus términos para el acuerdo. Estados Unidos no los ha confirmado.

Los motivos de esta tregua son varios. Incluyen factores internas de los Estados Unidos: un sector considerable de la opinión pública se opone a la guerra y al despliegue de tropas en tierra (el rechazo de las “boots on the ground”); los costos directos e indirectos del conflicto son demasiado altos; se acercan las elecciones para el Congreso y el índice de popularidad del gobierno es bajo. Pero el factor estratégico que explica el actual empate es que Irán desplegó un arma clave en el campo de batalla: cerró del estrecho de Ormuz. Una de las principales vías de navegación mundiales.

Haciendo uso de drones y minas submarinas, Irán embotelló en el Golfo Pérsico dos mil buques mercantes, con unos 20.000 marinos a bordo, y cortó una fracción importante de las ofertas mundiales de petróleo, gas natural y fertilizante.

Y eso no es todo. Uno de los términos del acuerdo divulgado por Irán es el establecimiento de un protocolo para asegurar la libertad y seguridad de la navegación en el estrecho. Durante las negociaciones de paz se definirá con mayor precisión que esto significa. Entretanto, como para tranquilizar al mundo naviero, el presidente Trump, mencionó la posibilidad de establecer junto con Irán, un impuesto para el tránsito por el estrecho. Esto sería un cambio interesante. Antes de la guerra el pasaje era libre y gratuito.

Además, una medida de ese tipo estaría en contra del principio fundamental de la libertad de navegación por los estrechos utilizados para la navegación internacional en CONVEMAR.

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