¿EE.UU. líder de Occidente?

Se cumplieron ayer 250 años de la Declaración de Independencia por la cual las trece colonias americanas proclamaron formalmente su separación del Imperio británico, dando así inicio a la aventura de formar a los Estados Unidos (EE.UU.) como nación soberana y de cumplir con el designio de ser el principal país del mundo.

En 2025 EE.UU. fue el mayor productor mundial de petróleo crudo, gas natural, energía nuclear, maíz, soja, carne de pollo y leche de vaca. Fue también el líder en alta tecnología aeroespacial y de defensa, dispositivos médicos, biotecnología y farmacéutica. Su gasto en defensa fue de 962 mil millones de dólares, y la suma de los gastos de defensa de los nueve países que le siguen, China, Rusia, Alemania, India, Reino Unido, Arabia Saudita, Japón, Francia y Corea del Sur fue inferior a ese total.

Hace veinte años, las cinco primeras potencias económicas medidas en PBI nominal en dólares eran, por orden, EE.UU., Japón, Alemania, China y Reino Unido. Hoy, sigue liderando EE.UU., y luego llegan China, Alemania, Japón e India. En demografía, en 2005 era China el más poblado, con India, EE.UU., Indonesia y Brasil luego. En 2025 los cinco primeros son India, China, EE.UU., Indonesia y Pakistán; y para 2050 se prevé que los dos primeros se mantengan, Nigeria sea el tercero, EE.UU. el cuarto y Pakistán el quinto. Dentro de EE.UU., del total de sus 345 millones de habitantes de 2025 casi dos de cada tres son cristianos. A mitad de siglo, de los 400 millones estadounidenses estimados se prevé que 54% serán de esa religión, y que ella será la más numerosa del mundo (cerca de 3.000 millones de personas), seguida de la musulmana (2.700 millones).

Parte de estos datos muestran que EE.UU. cumplió su promesa de ser una nación capaz de ofrecer esperanzas de un futuro mejor para sus habitantes. En el siglo XX, los desastres de guerras intra- europeas terminaron de dar a Washington el protagonismo mayor dentro de nuestra civilización occidental y cristiana. Hoy, ese lugar ha sido asumido cabalmente por la administración republicana: su reinterpretación de la doctrina Monroe, que reafirma que el hemisferio americano es una región forjada por valores comunes -vida en paz, libertad y propiedad-, marca un norte que es incluso más claro que el de la Alianza para las Américas de la administración Kennedy anunciado en Punta del Este hace 65 años.

Los retos siguen siendo enormes porque la ambición, la mentira y la ignorancia no cesan de conspirar contra la paz y la prosperidad que traen consigo el estado de derecho y la democracia. Sin embargo, el giro a la derecha que va ganando a toda Sudamérica resulta una especie de respuesta de época a este desafío común que nos plantea Washington. Y bien sabemos que siempre es mejor contar con aliados lejanos y poderosos que comulguen con nuestros valores occidentales, que enredarse en tonterías ideologizadas forjadas por visiones decimonónicas de raíces hispánicas y acomplejadas, de esas que creen que el mundo es Ariel y Calibán.

EE.UU. está llamado a ser en las próximas décadas el portaestandarte de los mejores valores de Occidente: los de Jerusalén, Atenas y Roma. Ojalá lo asumamos a cabalidad y fortalezcamos así nuestra alianza bilateral cuyo nacimiento ocurrió nada menos que en tiempos de Artigas.

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