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Educación y crimen

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El delito acompaña al ser humano desde los orígenes hasta nuestros días. Desde más o menos comienzos del 1900 se empezaron a estudiar sus causas dando nacimiento a la “criminología”. Entre sus mentores suele ubicarse a los italianos Ferri y Lombroso. Consideraban que el delito está dentro de la naturaleza humana. Se llegó a afirmar que algunos nacen con propensión a él. E incluso, que se podía detectar por el físico tal circunstancia. A lo que se llegaba luego de intensos análisis de casos concretos.

Los estudios posteriores pasaron a considerar el factor sicológico e incluso el sociológico. Hoy las condiciones políticas, culturales, socio-económicas y otras afines presentes en la sociedad se atienden para el análisis de la delincuencia que se ha disparado en la civilización contemporánea.

La familia ha sido históricamente la base de la sociedad. Un país es una suma de familias, con libreta o sin libreta, con padres y madres presentes o ausentes.

La primera escuela para una persona sigue siendo el ámbito humano en el que pasa sus primeros años y el ambiente que le rodea. La otra escuela es la educación y ante la crisis de la primera, la enseñanza especialmente la pública que en países como el nuestro llega hasta las zonas con más carencias de la sociedad, es fundamental.

Uruguay ha sido pionero en esta materia en lo que habitualmente se ubica como mojón a José Pedro Varela quien hacia fines del 1800 decía que “para tener República hay que formar republicanos”. Algo que en la antigüedad el latino Cicerón definía como tener “personas de recto querer”.

Los uruguayos nacidos desde el año 2000 en adelante -particularmente los de origen más humilde- crecieron en medio de la decadencia progresiva de la enseñanza pública. Los niños y adolescentes educados en ella, promedialmente dejaron de saber leer y de entender lo que leían. La no culminación de los estudios primarios y definitivamente de los secundarios pasó a ser moneda corriente. El fracaso en matemáticas casi total. Al tiempo que los sindicatos de la educación pública hacían de sus responsabilidades barricada política disolvente, creyéndose los dueños de la educación que paga el pueblo.

El ejemplo de arriba tiene lo suyo. Un ex-Presidente de la República, con coherencia indescifrable decía con desparpajo: “Es la cosa más linda entrar a un banco con una 45, así… todo el mundo te respeta”... Con igual templanza había declarado antes con referencia a los sindicatos de la educación que: “Hay que juntarse y hacer mierda a esos gremios, no queda otra...”.

El eje etario de quienes desde hace años vienen asolando la paz social con un alud de delitos incalificables particularmente en Montevideo, se formaron en ese período de decadencia que se ha mencionado. No brotaron por milagro.

Ante los hechos en un mundo en que cambia todo por segundos y exige educación acorde, debe saludarse con esperanza a los buenos maestros y profesores que abundan más allá del malón gremial.

Y, a las autoridades del Codicen, órgano rector en la materia, que bajo la presidencia lúcida y valiente del compatriota Robert Silva, vienen impulsando una reforma educativa que está echando raíces a partir de este año lectivo.

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Ricardo Reilly Salaverri

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