Pablo Da Silveira
El francés Marie Jean Antoine Nicolas de Caritat, más conocido como el marqués de Condorcet, fue uno de los líderes intelectuales de la Revolución Francesa. Filósofo y matemático, noble y al mismo tiempo enemigo de la monarquía, ocupó altos cargos en la Francia revolucionaria y llegó a ser secretario de la Asamblea Legislativa. Su carrera terminó en 1794, cuando se convirtió junto a sus amigos girondinos en una víctima más del Terror jacobino acaudillado por Robespierre.
Condorcet fue un intelectual destacado, hasta el punto de que varios de sus trabajos siguen teniendo vigencia. Existe, por ejemplo, una célebre "paradoja de Condorcet" que se enseña en las universidades de todo el mundo. Pero una parte esencial de su pensamiento estuvo centrada en la organización de la educación pública. Sus cinco Memorias sobre la Instrucción Pública (escritas entre 1791 y 1792) fueron una de las principales fuentes de inspiración de los reformadores franceses de finales del siglo XIX. A su vez, los reformadores franceses del XIX fueron una de las principales fuentes de inspiración de José Pedro Varela.
Condorcet defendió la idea de una red nacional de escuelas gestionadas por el Estado, e impulsó la profesionalización de la actividad docente. A su juicio, la enseñanza tenía que estar en manos de maestros debidamente preparados, que se dedicaran de por vida a la tarea. Pero con la misma intensidad se opuso a que los docentes intervinieran en el gobierno de la educación. Una enseñanza controlada por la corporación docente era uno de los peores males que podían aquejar a una república.
Si el gobierno de la educación se pusiera aun parcialmente en manos de las corporaciones docentes -dice Condorcet-, "ellos, animados por el espíritu de cuerpo, intentarían invadir aquello que se les habría permitido compartir". Al cabo de ese proceso, los docentes organizados conseguirían moldear el sistema educativo de modo tal que su propósito ya no fuera "el progreso de la ilustración, sino el aumento de su poder; no la enseñanza de la verdad, sino la perpetuación de prejuicios útiles a su ambición…". En consecuencia, tan importante como fortalecer la función docente es evitar que esos mismos docentes "gobiernen nada en común". Si se permite que la vida educativa sea controlada por una corporación profesional, el conjunto del sistema terminará por responder a los intereses de los funcionarios y no de los alumnos.
Estas eran las ideas de Condorcet sobre el lugar que corresponde a los docentes en la vida educativa. Y esas ideas influyeron de manera decisiva en el diseño de los sistemas educativos que hoy conocemos. Tal vez eso explique por qué no existe cogobierno docente en ningún país que tenga un sistema educativo medianamente exitoso. Pero parecería que en Uruguay las cosas se ven de otra manera. Si se atiende a lo que dicen los defensores del proyecto de Ley de Educación que hoy impulsa el Poder Ejecutivo, parecería que Condorcet y todos aquellos que le hicieron caso están equivocados. Los únicos que tienen razón son quienes impulsan el actual proyecto.
Puede que sea así. Pero es más probable que quienes defienden el cogobierno en ANEP estén actuando como aquel que creía que todos los demás iban a contramano, en lugar de admitir que era él quien lo hacía.