Por fortuna, los tiempos cambian. Cada vez más gente comprende y comparte el concepto de que la conservación de los recursos naturales es uno de los pilares fundamentales para implantar modelos sostenibles de desarrollo. Significa, ni más ni menos, aprovechar, usar, administrar los ecosistemas disponibles —incluyendo las especies y los genes presentes en ellos—, sin provocarles pérdidas patrimoniales. El beneficiario de todo el proceso es, en definitiva, la sociedad. Pero, cuando hablamos de asuntos inherentes a la calidad de vida de la gente, ningún cambio se opera de un día para el otro. Innumerables han sido los esfuerzos para posicionar el tema de la conservación en su actual ubicación. Uno de los más destacables es el realizado por miles de personas y cientos de organizaciones, a través de la Unión Mundial para la Naturaleza, más conocida por su sigla en inglés UICN. Su fuerza radica en su integración: 75 estados, 111 agencias gubernamentales, 74 organizaciones no gubernamentales (ONG) internacionales, 720 ONG nacionales y 34 afiliados. Es de destacar que éstos 1.014 miembros representan a todas las regiones del mundo. Hacer funcionar una organización de esta naturaleza resulta una tarea ardua y compleja.
Su inusual estructura, donde tienen cabida tanto las organizaciones de gobierno como las civiles, se transformó en su mayor fortaleza, pues hoy sabemos que cualquier proyecto de desarrollo y toda estrategia que se encare para la solución de los problemas de las comunidades, tendrán éxito si logran la participación activa de los tomadores de decisiones y de los demás segmentos de la población.
En noviembre de este año se realizará en Bangkok, Tailandia, el 3er. Congreso Mundial de la Naturaleza de la UICN. Para muchos los congresos internacionales son parte de la burocracia internacional que le garantiza a un puñado de personas el acceso a viajes, viáticos, al reconocimiento personal, y a oportunidades laborales de muy bien nivel. Pero, aunque nadie discute que ello ocurre en muchos casos, esta clase de congreso para la UICN significa una oportunidad única. La realización del congreso atrae la atención mundial hacia la problemática de la conservación; algo que no es menor si consideramos el impacto que tienen en la opinión pública, los adelantos cognitivos y conceptuales logrados en el terreno ambiental y del desarrollo, gracias al conocimiento científico y también, al tradicional. Cuando la gente toma conciencia de los problemas, exige soluciones y ejerce presión. Reuniones con tantos expertos brindan la oportunidad de ponernos al día en cuanto al estado real de todas las regiones del planeta. Pero, a la vez, genera la discusión de temas e ideas nuevas, surgidas de la experiencia y la práctica en un mundo cambiante como el actual.
Esa actualización es la que permite acompañar los cambios, a veces anticiparse a ellos y, en todos los casos, rectificar el rumbo cuando las soluciones no llegan. Para que un congreso mundial se considere exitoso, tiene que haber promovido la fijación de nuevas prioridades, tanto en el ámbito internacional como en el local. En particular, una organización como la UICN, que reúne al más grande conjunto de especialistas —supera los 10 mil— dedicados a conservar la integridad y diversidad de la naturaleza y asegurar que el uso de los recursos naturales se haga de manera equitativa y ecológicamente sostenible, no puede dejar pasar la oportunidad de poner ese bagaje inigualable a disposición de los diferentes tomadores de decisiones de los países y organismos internacionales. Todo ello será posible si se consigue materializar un diálogo por encima de las divisiones sociales, los intereses sectoriales y las diferencias culturales.