Discursos y obras

RICARDO REILLY SALAVERRI

Hay por lo menos dos formas de mirar la realidad. Una es contemplando las ideas, la organización y la capacidad de ejecución de las personas, de sus emprendimientos que abren rumbos, en beneficio de sus realizadores y normalmente de la comunidad a la que pertenecen. La otra, parte de la improvisación, se continúa por discursos en el aire y la carencia de capacidad de hacer, y suele tomar como buenos los ejemplos colectivos peores a partir de confusas ideas, a las que se viste con el calificativo de "sociales". Castigar a los que se esfuerzan con impuestos confiscatorios y premiar con regalos a los que no aportan nada, es "redistribución social de la riqueza"; mirar con simpatía a regímenes asentados en la ineficiencia, la arbitrariedad, el amiguismo oligárquico y la corrupción más absoluta como los de Cuba o Venezuela, es socialismo; quitar estabilidad y previsión a las grandes líneas del quehacer económico para castigar a los "ricos", que son oligarcas que compran en los "shoppings" es sensiblidad social, aunque aquellos no sean más que gente que se esfuerza por hacer mejor el destino propio y de los suyos en base de ideas y trabajo.

Napoleón decía que "la guerra es una arte de ejecución". Y, puede extenderse sin limitaciones el concepto para decir que en la vida todo es un arte de ejecución. Al pintor o el arquitecto o el escultor que imaginan una obra, de poco les valdrá el pensamiento si no son capaces de llevarlo a la realidad. Lo mismo, vale en todas las actividades. En las tareas de los empresarios de todos los órdenes, en la de quienes trabajan de maneras diferentes, en la de los deportistas y, también en -abreviando- en las de los políticos y las personas que tienen a su cargo la conducción del gobierno de un país o parte de él.

Cuando los recientes últimos triunfos deportivos de la selección uruguaya de fútbol, si algo llamó la atención fue la tarea bien planificada y ejecutada. Hubo mesura en el discurso y eficiencia en la realización. Se cuidaron los detalles que alcanzaron al aspecto físico, la conducta y hasta la vestimenta de los futbolistas dentro y fuera del campo de juego. Y sus voces fueron medidas cuando alcanzaban triunfos gravitantes y les convocaban los medios de comunicación. Y, el fútbol vale porque es algo de lo que todos conocemos y nos damos espontáneamente cuenta.

Todo lo anterior viene dicho porque hace años que nos acostumbramos a los discursos sobre cualquier tema, sin mayores fundamentos, a los anuncios de obras que no se realizarán nunca, a la promoción de enfrentamientos entre aquellos que han logrado mejores cosas en la vida y quienes están peor, en multitud de veces por su propia desidia. Y, porque bajo la excusa de "lo social" se promueven resentimientos entre compatriotas, antes que soluciones. Y, así marchamos con las noticias contemporáneas en los centros de asistencia pública, que atienden a los más necesitados; en el caos de la enseñanza que abre una brecha entre los institutos privados y los públicos que es base cierta de inequidades futuras. Y otras cosas similares. Nos han acostumbrado a la declamación antes que a las realizaciones eficientes. Así, es que la ciudadanía está conmocionada, con desazón, por hechos que nunca creímos pudiesen tener a nuestro país como escenario.

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