Dimensiones políticas II

Retomamos hoy el análisis iniciado la semana pasada, y para ella transcribimos su último párrafo:

"Sobre las posibles —e infrecuentes por estos lares— políticas de Estado debemos decir, cuando se dan en democracia, que son una expresión superior de organización política nacional. En ellas confluyen dimensiones sociales, políticas y temporales trascendentes". Recalcamos que sólo nos referiremos a estas políticas en regímenes democráticos, puesto que en dictadura y tiranías es común confundir ambas dimensiones: "El Estado soy yo, que soy el gobierno".

Para alcanzar políticas de Estado deben cumplirse ciertos requisitos: a) ser de una o algunas actividades específicas, b) estar alineadas al proyecto político de las distintas fuerzas y así asegurar cierto grado de previsibilidad, sustentabilidad y coherencia, c) ser conocidas, aprobadas y apoyadas por el conjunto de la comunidad, d) sus objetivos y resultados deben abarcar al conjunto social, e) tener amplio consenso, apoyo y compromiso de los diferentes partidos políticos, y f) trascender los períodos de gobierno.

Recalcamos que nos referimos a políticas en ciertas áreas especificas —pensamos en ejemplos como ciencia y tecnología, salud, educación e inversiones. Todas ellas requieren un esfuerzo y un proyecto mantenido a través del tiempo que hace conveniente un acuerdo social y político básico de muy largo aliento que las sustente.

El desarrollo social y nacional no es un proceso natural y espontáneo que devenga de la dinámica de los mercados, más bien es consecuencia de un proyecto mancomunado que debe ser planeado e impulsado por medio de acciones racionales entre el Estado —gobierno incluido— y el conjunto de la sociedad. Para ello las políticas de Estado son un instrumento no sólo adecuado sino conveniente. Políticas que tanto pueden ser impulsadas por los actores políticos desde el gobierno como desde la sociedad a través de sus organizaciones.

Lo anterior, referido a promover políticas de Estado tanto desde la sociedad como desde el Estado no es nada original y se ha dado varias veces en la historia moderna. La mayoría de las veces éstas resultaron facilitadas o definidas en función de circunstancias críticas de orden económico, político o social. El común denominador de todas ellas es la búsqueda de consensos para construir un futuro mejor para el conjunto de la sociedad, cosa que parece de Perogrullo que fuera norma en la práctica política y en la organización social, pero que la historia y la realidad nos indican que no lo es. Los ejemplos de políticas de Estado son la excepción.

¿Qué tenemos hoy en nuestro país que facilite plantear políticas de Estado, y que nos falta para lograrlas? Sin entrar en un análisis exhaustivo, tenemos a favor una situación crítica —económica, social y cultural— y un mandato ciudadano emitido en la última consulta electoral en la cual la enorme mayoría ciudadana se pronunció por partidos y sectores que propulsaban cambios. En suma, tenemos la oportunidad. Lo que nos falta es el proyecto consensuado y la voluntad política —de los políticos— de promover políticas de Estado con las características mencionadas. Se apuesta a las políticas de gobierno. Legítimo, pero para nosotros el desperdicio de una oportunidad única y peculiar del país y nuestra sociedad.

Creemos que es la hora de la ciudadanía proponiendo. Por aquello que la política, la guerra y la economía son cosas demasiado importantes como para dejarla en manos, respectivamente, de políticos, militares y economistas. Como también lo son la salud, la educación y la ciencia.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar