Diego Fischer
Diego Fischer

Blanes y el GACH

Quizás sea una de las mayores lecciones que nos dejará la pandemia. Lo cierto es que el Grupo Asesor Científico Honorario que paró de funcionar formalmente el pasado 16 de junio, ocupará un lugar destacadísimo cuando se escriba la historia del coronavirus en nuestro país.

Gracias a Juan Manuel Blanes, los uruguayos sabemos hoy que en el siglo XIX hubo en Uruguay una epidemia de fiebre amarilla que en sus dos estallidos (1852 y 1872) de- jó varios miles de muertes en Montevideo y en Buenos Aires. Algunos consideran al cuadro denominado Un episodio de la fiebre amarilla, una de las obras más importantes del pintor de la patria. No importa que la escena transcurra en una modesta vivienda de Buenos Aires y que quienes allí estén retratados -además de la mujer muerta y su pequeño hijo- sean los argentinos José Pérez y Manuel Argerich, abogado uno y destacadísimo médico el otro, respectivamente. En su tiempo, la pintura sirvió para concientizar de la gravedad de la peste y del rol que jugaron los médicos en su combate. Bien dicen que el arte no solo educa, sino que interpela, convoca a la reflexión y trasciende en el tiempo.

Un siglo y medio después, el grupo de científicos que coordinaron Rafael Radi, Henry Cohen y Fernando Paganini, y que integran otros cincuenta prestigiosos expertos de diferentes disciplinas, jugó el papel que la obra de Blanes desempeñó: concientizar a los uruguayos de la gravedad de lo que estábamos viviendo y proponer soluciones. No fueron los únicos, también hubo personas como el ingeniero Raúl Bianchi, que diseñó el plan de vacunación, que jugaron papeles claves en la lucha contra esta peste. Ellos son los artífices de esta luz que comienza a visualizarse y que quizás nos esté indicando que el final del camino esté cerca.

Muchos se preguntarán por el rol del gobierno. El mayor papel del gobierno ha sido y es, haber creado al GACH, escuchar sus recomendaciones y aplicar las medidas que creyó que debía adoptar. No le tembló el pulso y no se desvió de su curso, nunca. Supo distinguir las voces bien intencionadas de hombres y mujeres capaces, de los que al grito reclamaban y reclaman aún hoy, medidas insensatas e imposibles.

Nunca como en todo este tiempo, los uruguayos tuvimos la posibilidad de aprender escuchando a nuestros científicos. Nunca como en este año y medio nos enteramos de cuánta gente hace investigación científica en el Uruguay, de las dificultades que tienen para llevar adelante su trabajo y cómo aun así logran reconocimiento internacional. Recordemos al virólogo Gonzalo Moratorio, que desarrolló en el Instituto Pasteur de Montevideo kits para test de diagnóstico de Covid- 19. Recordemos que Moratorio fue el único latinoamericano que integró la lista de los diez científicos más importantes del mundo en 2020, en la prestigiosa revista Nature.

Hoy se habla de realizar un gran homenaje al GACH. ¡Enhorabuena! Ahora tengamos en cuenta que el mayor tributo que podemos realizarle a los científicos uruguayos es recordar su prédica y su ejemplo. Haber dado todo de sí sin blandir banderas políticas y confirmarnos con su actitud que en la investigación científica como en la educación de calidad, se juega el progreso de un país. Ese es su gran legado. Ya habrá algún Blanes que los pinte para la historia.

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