Delmira en buenas manos

Cristina es la música, la música personificada”, sostuvo Matteo Imbruno, el organista de la vieja Iglesia de Ámsterdam. Cristina no es otra que Cristina García Banegas, la intérprete inigualable de Johann Sebastian Bach, directora de coros y talentosísima mujer que ha logrado la proeza de vivir de su arte, y hacernos vivir y disfrutar de la música con su extraordinario talento. Conozco a Cristina hace muchos años, cuando era directora del coro del Colegio Inglés y corría, en los recreos, a buscar a los niños para que asistieran a sus clases. Esto sucedía a comienzos del año lectivo, luego que la conocían eran los niños los que la buscaban para cantar. Sus condiciones de docente quedaban demostradas desde un primer momento. En 1987 fundó el Ensemble Vocal e Instrumental De Profundis y desde entonces empezó a recorrer el país primero, y el mundo luego, llevando una expresión artística uruguaya de excelencia. Sus interpretaciones de la Pasión según San Mateo de Bach, el Oratorio del Mesías de Haendel y sus conciertos de Navidad, entre muchísimos otros, son memorables.

El tiempo pasó, transcurrió la vida y Cristina fue convirtiéndose en un referente ya no solo de la música sino de la cultura nacional en su conjunto. La presencia de García Banegas en los principales festivales internacionales de órgano del mundo, resultó ineludible. Con sus conciertos en el exterior también comenzó a cosechar reconocimientos y condecoraciones.

Esta semana, García Banegas recibió la Medalla Delmira Agustini, el máximo galardón que otorga Uruguay, a través del Ministerio de Educación y Cultura, y que homenajea a las personas que “han contribuido de modo excepcional a la cultura y las artes”.

En la misma ceremonia recibieron también la distinción, el periodista y comunicador Walter Abella, conocido popularmente como el Serrano y el psicólogo, docente y periodista Saúl Paciuk

Abella, periodista reconocido por su incansable labor y lucha por la defensa de la libertad y de la democracia, suma cincuenta y cinco años consecutivos conduciendo el programa Tiempo de Campo trasmitido por La voz de Melo. Nacido en Treinta y Tres, pero radicado hace décadas en Cerro Largo, el Serrano se formó junto a ese grupo de escritores y poetas olimareños que marcaron para siempre la identidad de su pago y del país. Entre ellos se encontraban Ruben Lena y Osiris Rodríguez Castillos. Wilsonista de la primera hora, ha sido siempre un hombre del Partido Nacional con voz crítica y apasionada.

El tercer galardonado con la medalla Delmira Agustini fue, Saúl Paciuk , director y editor de la revista Relaciones. En 1984, Paciuk se embarcó en la aventura de editar una revista que abordara temas filosóficos. El proyecto que, inicialmente, había sido pensado para unos pocos números cumplirá el año próximo cuarenta años de vida. Una publicación entonces y hoy que aborda los grandes temas del hombre y la sociedad, fue y es un desafío mayor. Su permanencia en el tiempo no solo confirma su vigencia, sino también habla del talento y del trabajo de su mentor.

Delmira Agustini ha caído en las manos indicadas y eso es algo que debemos celebrar. ¡Enhorabuena, Cristina, Serrano y Paciuk!

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