Creatividad mal dirigida

Acaba de reaparecer una idea que cada tanto vuelve al ruedo: abrir el capital de las empresas públicas a ahorristas privados. Ahora lo propone el subsecretario de presidencia Alejandro Sánchez y al presidente Orsi “le encanta”, como una forma de canalizar dineros de pequeños ahorristas con las cuales desarrollar nuevos proyectos e incluso expandir internacionalmente algunas empresas públicas.

¿Cuál será el verdadero objetivo? ¿Ayudar a los ahorristas a rentabilizar sus dineros? ¿O seguir haciendo crecer el Estado? ¿Por qué no dirigir los esfuerzos creativos del gobierno haciendo más eficiente al Estado?

En muchos países hay empresas públicas de capital mixto. No estaríamos inventando la rueda. Pero parece sensato que la “movida” no genere más problemas que soluciones, como a primera vista todo hace parecer que en el caso sucedería.

Las empresas públicas son “públicas” por razones especiales, que suelen contraponerse o crear importantes tensiones con las razones de los inversores de capital: (1) cubrir monopolios “naturales” de modo que los privados no generen abusos, (2) proveer bienes o servicios estratégicos para la soberanía o seguridad nacional, (3) garantizar acceso universal de la población a ciertos bienes y servicios básicos, o (4) como instrumentos de desarrollo económico e industrial. Bajo ciertos enfoques económicamente interventistas también se suele esgrimir que las empresas públicas se justifican (5) para corrección de ciertas fallas del mercado, o (6) como instrumentos de política pública. Las razones anteriores tienen un denominador común: ninguna persigue prioritariamente el lucro como -en cambio- lo buscan los inversores de capital.

Por ejemplo, a la empresa proveedora de agua potable -en nuestro caso OSE- le debería interesar sobre todo universalizar el acceso de toda la población al agua potable en cantidad suficiente y de buena calidad, y proveerla al precio más accesible posible. Para lograrlo la empresa necesita realizar muchas inversiones que no se “repagan” en términos de costo-beneficio, inversiones que un privado no realizaría porque probablemente reducirían o eliminarían su ganancia. Quienes estamos de acuerdo en que el acceso al agua para todos los ciudadanos en las condiciones antes referidas es necesario, también lo estamos en darle el cometido y la responsabilidad al Estado (y no a los privados) para que se ocupe y proporcione las garantías pertinentes.

Cuando se plantean soluciones “mixtas” en las que los inversores privados participan de distintas formas en el capital de las empresas públicas, las contraposiciones o tensiones a las que hacía antes referencia se ponen en juego.

Para que interesen a los ahorristas las propuestas deben ofrecer un adecuado nivel del combo rentabilidad/riesgo. Cuando se emiten obligaciones negociables, que son instrumentos de deuda, la entidad puede fijar una tasa de rentabilidad atractiva y esto no tiene porqué afectar los objetivos generales de la empresa. Pero participar en el capital de la empresa es participar en los resultados, sean éstos ganancias o sean pérdidas, los cuales en el caso de empresas públicas no son su razón de ser. Se trata de lógicas diferentes y que -en buena medida- se oponen.

Antes de meternos en el berenjenal de cambiar las regulaciones de las empresas públicas para buscar financiamiento privado, el verdadero desafío está en mejorar la eficiencia en el uso de los recursos existentes. Inyectar capital sin abordar esos problemas es simplemente ampliar el margen para continuar reproduciendo ineficiencias.

Esto es lo que me temo esté en juego en la propuesta del “Pacha” Sánchez. Como no puede o quiere meter mano al ineficiente gasto público, tanto sea del gobierno central como de los entes públicos, y Oddone se habrá puesto firme en que ya tiró bastante de la piola con el presupuesto nacional, ahora sugiere nuevas medidas que le permitan incurrir en nuevos gastos/inversiones y financiarlos con el capital de los ahorristas. Seguir agrandando el Estado, en suma.

Lo del acceso de algunas empresas públicas -como ANTEL- a mercados en el exterior parece un cuento chino similar al del tren de los pueblos libres o a la lógica Odonniana de una previsión de ingresos fiscales ilusoria para cobijar niveles de gasto público relativamente altos: agrandar ANTEL para “prepararla” para competir en el exterior parece una buena excusa para agrandar su presupuesto y costo de funcionamiento. Mala señal y mal pronóstico, en línea con lo que decía en los párrafos anteriores.

El tema relevante no es quienes participan en el capital de las empresas públicas, sino cómo se gobiernan y cómo se gestionan. Antes de abrir el capital, parece más prudente fortalecer los mecanismos de control, profesionalizar la gestión y clarificar los objetivos que la sociedad espera de estas instituciones.

Basta de aventuras políticas, muchachos, que al final las pagan siempre los mismos. Y ocupémonos de lo que ya no admite demora. ¿O estaremos frente a una conveniente cortina de humo que solo busca redirigir la atención pública?

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