Coordinadores

Juan Martín Posadas

El Presidente Mujica ha concebido la idea de designar 18 coordinadores para manejar las relaciones entre las Intendencias del interior y el gobierno central. El Presidente está desesperado y afligido con el colosal desorden de las oficinas de gobierno, la descoordinación en la implementación de políticas, la superposición de tareas, la burocracia que empastela todo, el desgaste, el despilfarro, la ineficiencia, etc. etc. Es absolutamente comprensible; el país entero (excluyendo a COFE y Adeom) siente la misma frustración.

El propósito de encaminar ese desorden es, pues, compartible en grado sumo. Lamentablemente la solución procurada en la creación de esos cargos de coordinador es mala e inaceptable. Es mala por motivos prácticos e inaceptable -para el Partido Nacional- por motivos de principio. En cuanto a lo práctico: la falta de coordinación no se arregla con más coordinadores sino con mejor coordinación. Más que pensar en agregar 18 manos en el plato (o seis, da lo mismo) quizás habría que tomar el camino inverso: suprimir la cantidad de funcionarios y jerarcas que tienen intervención en los procesos.

La reforma del estado, tan necesaria, tiene que ir hacia la simplificación, hacia la disminución de pasos del expediente y no hacia la creación de más burocracia. Por otra parte, el caos mayor y la descoordinación más flagrante no está en los gobiernos departamentales sino en los Ministerios: sería más eficaz y menos dañino nombrar coordinadores en los dos o tres Ministerios que tramitan asuntos de las Intendencias y no al revés. Desde el punto de vista práctico y de la eficacia la solución propuesta no sólo no arreglará nada sino que multiplicará por 18 (o 6) los enredos, demoras e ineficiencia.

Pero para el Partido Nacional el rechazo es por una cuestión de principios. Nuestro Partido nació y está históricamente identificado con la lucha por la pureza del sufragio. No es ésta una cuestión del pasado, del tiempo de las revoluciones, de la resistencia al fraude oficializado en perjuicio deliberado de los blancos; no se trata de la custodia de una reliquia, memoria sagrada de la sangre vertida en las cuchillas. Es un asunto de ayer pero también de hoy; políticamente significa que este Partido está históricamente jugado a que a los uruguayos los manden quienes los uruguayos elijamos para mandar. Defendemos y preferimos que los asuntos de gobierno -nacional o departamental- sean manejados por las personas que hemos votado y no por personas designadas. La lucha por el sufragio es eso; no es poca cosa.

Y la otra bandera del Partido, la defensa de la autonomía departamental, tiene el mismo trasfondo histórico y el mismo contenido principista republicano. En este tipo de asuntos el P. Nacional no puede decir: ¿no me lo dejaría en seis en vez de dieciocho? Los propósitos (y la desazón) del Presidente son compartibles. La solución por él propuesta debe ser descartada, por motivos prácticos y por una razón de principios. Nuestra postura es tan clara que, bien planteada, hasta Mujica terminará por entenderla y aceptarla. Será nuestra mejor colaboración al país (y a su gobierno).

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