Contradicciones y posibilidades

JUAN MARTIN POSADAS

El martes pasado la prensa recogió interesantes declaraciones del Ministro Mujica. Primero, en la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados, se extendió sobre la dudosa representatividad de algunas directivas gremiales o sindicales. Más tarde, en Artigas, se refirió a las decisiones gremiales tomadas en el cuartito, por cinco o seis dirigentes, siempre los mismos, y marcó la conveniencia de democratizar el funcionamiento de esos cuerpos mediante el uso del voto secreto, no sólo en la constitución de autoridades sino en la toma de decisiones importantes como la huelga o la ocupación.

El planteo resulta sorprendente porque se mete, sin respeto hacia los convencionalismos, en un área intocable: la de los sindicatos. Estamos ante la profanación de algo que, para la izquierda, es lo políticamente correcto, a manos de una figura emblemática de la izquierda uruguaya. Pero hay algo más importante, si cabe: la legitimación de una visión realista de las situaciones concretas sin interferencia de los versos de la vieja milonga ideológica. Esto no se ve todos los días (y rompe también con la definición esquemática -ideologizada a su vez- que se tiene de la izquierda desde la otra punta).

El Partido Nacional, no sé si siguiendo una directiva o por arrastre, viene construyendo su discurso político en torno al señalamiento de las contradicciones del Frente y los cambios entre las promesas preelectorales y su desempeño como gobierno. Me parece una estrategia equivocada; las contradicciones del Frente sólo deberían preocupar (o irritar) a los miembros de ese partido o a quienes lo votaron seducidos por sus promesas. Si, una vez en el gobierno, abandonan pocas o muchas de sus posturas preelectorales (y aun tradicionales, de toda la vida) de nuestra parte no ha de haber lugar para otra reacción que el regocijo.

El Partido Nacional tiene que generar un discurso y una ubicación política desde sí mismo, sin atender a lo que hace o dice el gobierno (donde no tenemos parte). Debe proponer su propia visión del país y señalar los caminos que, a su entender, se deben recorrer en pos de la grandeza de la república y el bienestar de sus habitantes. La cosecha que los minoristas de la política esperan recoger de las contradicciones del Frente es pequeña y es ruin.

Pero, además, si los cambios de posición del Frente Amplio terminan desembocando en algo mejor para el país, hay que aplaudir y apoyar. El funcionamiento abusivo y despótico en algunos sindicatos es algo que le resulta dolorosamente evidente al ciudadano común y que éste mira con rechazo; la ocupación de una fábrica por una minoría, en contra de la posición de la mayoría que quiere seguir trabajando, indigna sin vueltas a cualquier observador. Allí está lo importante. Y tiene que quedar claro para todo el mundo que lo que nos interesa y nos motiva es el abuso y no el juego político de señalar la contradicción.

A poco que se mire el pasado del país se verá que una serie de cosas nunca se han podido conseguir a consecuencia de la oposición de la izquierda, y otras tantas que es necesario erradicar no se han logrado por el mismo motivo. El control del despotismo interno y la democratización sindical es un ejemplo. Cosas de ese tipo sólo podrán suceder con el Frente fuera de la oposición y teniendo que gobernar. Es una paradoja pero es así, (o puede llegar a serlo si prevalecen en el Frente los sectores y las personas de cabeza más libre y menos ideologizada).

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