Resulta evidente que el mundo está viviendo grandes transformaciones en los equilibrios internacionales y que la nueva estructuración política presenta importantes desafíos para todos los países.
Uruguay no es la excepción. En tal sentido, conviene tener muy presente que, desde hace ya muchos años, existen notorias y amplias diferencias entre el Frente Amplio y el conjunto de los partidos que componen la Coalición Republicana en lo que tiene que ver con la política internacional.No es realista proponer un documento para buscar una política de Estado en materia de política internacional.
En efecto, el punto neurálgico que divide las aguas ha sido la valoración y relevancia de principios fundamentales, tales como la democracia y el respeto a las libertades y a los derechos ciudadanos. El Frente Amplio ha puesto por encima de estos valores, en diferentes momentos, la orientación ideológica del gobierno de cada uno de los países. Cuando un gobierno está orientado por concepciones denominadas de “izquierda”, la evaluación de aquellos principios queda subordinada a la existencia de coincidencias ideológicas.
Esta ha sido la causa por la que durante décadas el Frente Amplio acompañó y apoyó al régimen chavista que gobernó, y aún gobierna, Venezuela. Ni cuando estuvieron en el gobierno, ni cuando estuvieron en la oposición, nunca el Frente Amplio acompañó ningún cuestionamiento a la barbarie corrupta instalada en aquel país.
También nos separa el insólito silencio sobre lo que ocurre en Irán y la barbarie represiva de ese régimen absolutista que mantiene a las mujeres en situación de opresión escandalosa.
Los tiempos que transcurren presentan niveles de incertidumbre sobre lo que ocurrirá en el mundo y en nuestra región en los próximos tiempos. Por eso es tan importante tener presente y tomar en consideración los valores y principios políticos que deben ser el norte del accionar concreto de la vida política en el plano internacional.
Por ejemplo, es imprescindible reconocer que la lucha por la democracia en Venezuela sigue pendiente y que, lamentablemente la sustitución de Maduro por Delsi Rodríguez no ha representado un cambio en las libertades y derechos del pueblo venezolano. Y también tener la independencia para señalar que la actuación del gobierno de los Estados Unidos no parece estar movida por dichos valores, sino por la búsqueda de alcanzar mejores oportunidades de negocios para su país, sin tomar en consideración que ese país respete las libertades y los derechos.
Pero, al mismo tiempo, hay que reconocer que existe un único campo en el que no sólo es posible sino necesario trabajar en forma conjunta entre todo el sistema político. Nos referimos a la dimensión de los acuerdos comerciales. En tal sentido, en los últimos meses se han concretado dos iniciativas particularmente relevantes para el futuro de nuestro país y de la región.
Después de más de un cuarto de siglo de conversaciones y postergaciones, se firmó el Acuerdo entre la Unión Europea y el MERCOSUR. Este proceso fue impulsado de manera muy intensa por diferentes gobiernos de nuestro país, aunque bueno es decir que en el gobierno anterior se dio el mayor impulso y, de hecho, estuvo a punto de concretarse. Lo cierto es que la firma en Asunción de este Acuerdo, largamente postergado, abre una puerta muy importante para las expectativas de desarrollo de nuestro país. Y en este punto no se observan diferencias que nos separen.
Por otra parte, un par de meses antes se concretó la decisión del Acuerdo Transpacífico de invitar a nuestro país a adherirse. Este también era un objetivo largamente buscado durante el gobierno anterior; no hay que olvidar que en los primeros meses del actual gobierno desde la Cancillería se subestimaba la posibilidad de incorporarse a este gran Acuerdo que permite una integración comercial con una decena de países que representan casi el 15% del PIB mundial.
En ese entendimiento se ubican países de particular interés para nuestra economía y producción como Canadá, Japón, Malasia, Singapur, Vietnam, México o Perú. La posibilidad de integrar este Acuerdo abre enormes horizontes que se suman al Acuerdo con la Unión Europea.
Desde nuestro punto de vista, todas las estructuras productivas, comerciales y laborales de nuestro país tienen que ponerse a trabajar para lograr los resultados óptimos que estos nuevos marcos representan y, en tal sentido, todos los partidos políticos deberíamos también encontrar un punto de coordinación y trabajo para construir iniciativas y propuestas de consenso.
Pero sólo hasta aquí llega el consenso. En la definición y posicionamiento de los temas de la política internacional, las diferencias lamentablemente son muy grandes.
Aprovechemos el ámbito en el que se puede trabajar de manera conjunta.