Clase bochada

Ricardo Reilly Salaverri

Reiteraré una historia que desarrollé tiempo atrás. La multiplicación oficial de impuestos (IRPF, IASS, Fonasa, etc.) para pagar servicios inexistentes (seguridad pública, asistencia hospitalaria, camas para CTI, vivienda, educación pública, etc. ) y la amenaza de otros más desde el ministerio de economía paralelo (impuestos a la tierra), instalado en la tatucera de la Opepe (vieja OPP), trae a la mente la manida expresión de "nos están robando la plata". En este experimento gubernativo participan dentro de eso que se llama "izquierda", cuyo común denominador es la envidia, el resentimiento social y el complejo de inferioridad, los izquierdistas herbívoros, que son el "equipo" económico oficialista y el carnívoro que es el otro "equipo" que está en la "Opepe".

Escuchando los comentarios y el desánimo, de compatriotas que sobrellevan todo el día el flagelo del pago de gabelas y de inspecciones, de multas y recargos, de buscar fondos para pagar, de pensar en lo que les dice el contador, antes que en su actividad principal, reiteraré -aludiendo a esta vía al socialismo que practica la administración frentista- una breve historia a la que ya he hecho alusión.

En una clase de economía, ante preguntas varias sobre el tema, el profesor les dio la opción a sus alumnos, de experimentar con el desarrollo de un curso netamente socialista. La mayoría de la clase estuvo de acuerdo y se decidió que así fuese.

Cuando la primera prueba trimestral, entre 12 (sobresaliente) y 0 (deficiente), más o menos un tercio de la clase sacó notas arriba de 8, otro tercio entre 7 y 4 (regular bueno) y otro, el de los vagos, entre 3 (regular) y 0 (deficiente). Para aprobar la materia era necesario un promedio superior a 3 (regular) al final del año. Aplicando un criterio socialista el profesor hizo un promedio de las pruebas y les dio a todos una misma nota lo que arrojó un 6 (bueno) con carácter general. Los estudiantes mejores se quejaron, los del medio no se inquietaron mucho y los vagos aplaudieron a rabiar saboreando el premio inmerecido.

Para la segunda prueba, los estudiantes mejores, desilusionados, estudiaron menos (si al final les iban a dar una misma nota que a los vagos), los del medio también se descansaron en los mejores, y los peores siguieron sin estudiar confiados en que los mejores les llevarían en coche. Nuevamente, sistema socialista, el profesor hizo promedio y esta vez, la nota para todos bajó, fue de 4 (regular bueno).

Para el examen final, que abarcaba todo el curso, y era concluyente, todos dejaron de estudiar, el promedio general fue de 1 (deficiente regular).

El resultado final general, entre los promedios del año y la prueba final, fue de 2 (regular deficiente), por lo que todos los alumnos se fueron a examen.

Así funciona el socialismo. Una utopía, contraria a la naturaleza. Por todos lados que ha pasado, particularmente en sus versiones carnívoras ha dado lugar a gobiernos oligárquicos, partidos únicos, tiranías, paredón y estrepitosos fracasos en todos los órdenes. Es que al fin y al cabo, nadie, en lugar alguno, se levanta a las cinco de la mañana para ordeñar una vaca que es del Estado.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar