Ciencia, tecnología e innovación

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hernán sorhuet gelós
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Las duras crisis dejan grandes enseñanzas.

El duro golpe que nos propinó la inesperada irrupción de la pandemia ocasionada por el coronavirus Sars-Cov-2, entre otras conclusiones nos demostró el valor superlativo que tiene la investigación y el conocimiento para mejorar la calidad de vida de las personas.

El mundo científico logró lo que parecía imposible cuando una muerte de origen desconocido campeaba por los países. Se inventaron vacunas muy efectivas en tiempo récord, nunca antes logrado, las que hoy nos están permitiendo volver paulatinamente a la vida normal.

El motor principal de esta gran hazaña del intelecto humano fue destinarle los recursos necesarios convocando a las mentes más brillantes.

Una demostración cabal del potencial ilimitado que tiene el conocimiento y la inteligencia humana bien utilizadas, para mejorarnos la calidad de vida.

En nuestro país experimentamos una experiencia similar.

Cuando sonaron todas las alarmas iniciales, el primer desafío que se nos presentó como casi imposible de solucionar de inmediato, fue el de la falta de insumos para realizar los esenciales test y otros implementos que experimentaron una explosiva demanda mundial, para la que nadie estaba preparado.

La respuesta de los científicos uruguayos fue inmediata y en poco tiempo lograron dar respuestas a las necesidades locales.

El gobierno tomó la sabia y rápida decisión de convocar a reconocidos expertos para formar un grupo de asesores en materia sanitaria, que aumentará significativamente las probabilidades de tomar las mejores decisiones políticas para enfrentar a la terrible enfermedad de Covid-19.

Se constituyó el Grupo Asesor Científico Honorario (GACH) -a la postre “orgullo nacional”-, y logró una asombrosa simbiosis con el gobierno, para conducir a nuestro país con rumbo certero y decidido, por las desconocidas y embravecidas aguas de la pandemia.

El resultado es la sensación de confianza y tranquilidad que vive la sociedad, a pesar de que esta enfermedad sigue entre nosotros y llegó para quedarse; pero ahora convivimos con ella con otro talante, gracias a la ciencia y a las buenas decisiones tomadas.

En este contexto, es muy importante aprovechar los aprendizajes y transformarlos en mejores apuestas de futuro. Nos referimos que nuestro país tiene que realizar los máximos esfuerzos para invertir mucho más en conocimiento y desarrollo. Porque ahí está el futuro, incluso a corto plazo.

La ciencia tiene que ocupar el lugar más relevante posible pues, en materia de conocimiento podemos aspirar a lo máximo; y hay que apuntar a ese ambicioso norte.

La inteligencia está disponible en nuestra gente; démosle la oportunidad de expandirse.

Invertir más en desarrollo científico y tecnológico sin duda es una gran inversión; no caigamos en el error de verla como un gasto. Porque está ampliamente demostrado que mejora la calidad de vida de la sociedad (salud, producción, educación, energía, etc.), y eleva significativamente el acierto de las decisiones políticas que se toman -como lo probó el funcionamiento del GACH.

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