El Partido Colorado (PC) es un socio fundamental de la Coalición Republicana (CR) oficialista. Para ganar en 2024, esa coalición precisa de un PC con un protagonismo al menos similar al de elecciones pasadas: redondeando cifras, el 12% de octubre de 2019 fue un resultado parecido al de 2014, algo mejor que el 10% de 2004, y algo peor que el 17% de 2009.
En todos los casos, ya hace prácticamente 20 años que el PC tiene un electorado envejecido: sólo se acerca a recibir el apoyo del 20% de total de los votantes en el universo de los mayores de 60 años de edad. Cuenta con un par de departamentos con relativamente alta votación -Rivera y Salto-, y ha perdido pie allí en donde históricamente tenía sus bastiones más fuertes, que pasaron a manos del Frente Amplio (FA) -Montevideo y Canelones-. Finalmente, sus liderazgos forman parte de la categoría senior: de los precandidatos presidenciales más relevantes que están sonando, en 2024 Bordaberry tendrá 64 años; Viera, 69 años; Gurméndez, 63 años; y sólo Robert Silva tendrá menos de 55 años.
Sin embargo y a pesar de todas esas dificultades, los colorados son fundamentales. Primero, porque al perder dimensión catch-all el PC termina siendo votado por un núcleo duro identificado con los valores y la identidad de su partido que, mal que bien, no parece ser menor al 10% del electorado. Segundo, porque esos valores y esa identidad enriquecen la pluralidad de la CR: le aportan una visión socialdemócrata, urbana y mesocrática muy valorada por los uruguayos, que no es conjugada por los blancos ni tampoco por Cabildo Abierto, y que bien transmitida es capaz de sumar adhesiones claves para el triunfo de toda la CR contra el FA.
Así lo entiende Julio Sanguinetti, que con razón no ha cesado de marcar ese aporte colorado a la CR; así lo comprendió el malogrado Talvi las muy pocas veces que acertó políticamente, como cuando por ejemplo habló del “pequeño país-modelo” retomando la vieja fórmula de Batlle y Ordóñez; y así también lo sufrió el Partido Independiente en octubre 2019, que pasó de un senador y tres diputados en 2014 a sacar sólo un diputado (y por restos), como consecuencia de dragonear con bolches camuflados por un lado, y de sufrir la competencia nítidamente socialdemócrata del sector de Talvi por el otro.
Por delante hay dos grandes temas. El primero es de personalidad: los colorados deben terminar de asumir que su actual papel histórico es el de aportar elencos de gobierno destacados en una coalición plural, y que será desde allí que, potenciados, podrán disputar el liderazgo partidario dentro de la CR, de forma de encaminar las posibilidades para que haya nuevamente, en un futuro, un presidente de signo colorado.
El segundo, es de discurso y visibilidad. Los colorados tienen que salir convencidos y orgullosos a reivindicar sus logros: desde Silva en educación, hasta Gurméndez en Antel, pasando por el equipo de Alfie en la OPP, o siguiendo por los numerosos legisladores, directores y cuadros medios ejecutivos que con oficio se dedican a trabajar con sentido de responsabilidad de gobierno, hay mucho para mostrar y decir con el talante propio de esa tradición partidaria.
No hay más perro que el chocolate: el triunfo de la CR en 2024 precisa de un PC vigoroso.