Chávez contra Alan García

CARLOS ALBERTO MONTANER

Fue un verdadero genocidio. 24 policías peruanos fueron degollados por los indígenas en un rincón remoto de la Amazonia. Nueve indígenas también murieron en la refriega, pero puede haber más. El origen del conflicto es la inconformidad de las comunidades indígenas con las explotaciones agrícolas y las exploraciones en busca de gas y petróleo sancionadas por una ley del Congreso en un territorio que ellos reclaman como parte de su hábitat natural. El origen indirecto puede ser la mano larga de Hugo Chávez y de su escudero Evo Morales.

En la región andina circula desde hace años la descabellada idea de constituir una nación étnica con diversos pueblos de origen precolombino que no han sido totalmente asimilados por la cultura occidental.

El episodio es peligrosísimo para la estabilidad peruana. El asunto trasciende la simple revuelta local. La capacidad de demolición con que cuenta la izquierda colectivista de Chávez, sumada al indigenismo y al ecologismo, pueden ser letales. Hechos muy parecidos le costaron la presidencia y el exilio al presidente Gonzalo Sánchez de Losada en el 2003, y le abrieron la puerta a Evo Morales y a su proyecto antirrepublicano. Bastó con que la clase política, con una mezcla de oportunismo e instinto suicida se colocara junto a los amotinados y renunciara a la institucionalidad, para precipitar a Bolivia en el caos de esa confusa amalgama autoritaria y empobrecedora que es el Socialismo del siglo XXI.

Hugo Chávez y Evo Morales odian intensamente a Alan García y no tienen que buscar excusas para tratar de desestabilizar a Perú. El proyecto bolivariano posee la coartada ideológica. Es una corriente política que cree y practica el "internacionalismo revolucionario" donde y cuando le da la gana, pero chilla y protesta contra "la injerencia imperialista" cuando un "extranjero" se aventura a criticarla.

Por ahora, el arco político democrático peruano se mantiene firme en defensa de la institucionalidad, con la excepción de Ollanta Humala (el hombre de Chávez en Lima). Pero nunca se debe desestimar la incontrolable tentación cainita de los aspirantes al poder. Aunque muchos venezolanos hoy no lo recuerdan, probablemente el hecho esencial que minó los partidos políticos y le abrió camino a Chávez fue la injusta destitución de Carlos Andrés Pérez (CAP) en 1993 por un supuesto delito de malversación que, en realidad, enmascaraba odios y rivalidades sectarias.

Coincido con el presidente Alan García en que el 80% de los peruanos está de acuerdo en que se exploten las riquezas naturales que el país posee, estén donde estén, especialmente para poder sacar de la pobreza a ese 40% de tristes seres humanos que sobreviven con menos de dos dólares al día.

Es verdad que hay que proteger el medio ambiente pero no es eso lo que realmente persigue esta coalición de camaradas. La historia demuestra que muchos de los ecologistas, de la mano de los enemigos del progreso, como los indigenistas, están siempre dispuestos a impedir la creación de riquezas y de fuentes de trabajo, sin importarles los daños que esa actitud les causan a las personas más necesitadas. Si los peruanos se dejan arrastrar por ellos, todos van a pagar un altísimo precio. En los últimos diez años Perú ha sido uno de los países más exitosos de América Latina y ha conseguido disminuir la pobreza en 15%. Todo habrá sido inútil. Comenzará otro ciclo de caos. Ya ha ocurrido en el pasado.

[©FIRMAS PRESS]

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