Camus y el periodismo

Ruben Loza Aguerrebere

Los contemporáneos de Albert Camus, incluso quienes más admiraron su obra, nunca hubieran imaginado que la posteridad le sería tan favorable. Ni siquiera la consagración que supuso el Premio Nobel de literatura, que le fue otorgado cuando tenía 44 años, permitió augurar el rango que hoy ostenta y lo sitúa al lado de los más grandes. A este Albert Camus, hoy, ha dedicado su nuevo libro el periodista y escritor francés Jean Daniel, el fundador y director de "Le Nouvel Observateur", uno de los intelectuales franceses que mayor influencia ha ejercido en los debates del siglo XX. Digamos de paso, que en esta columna hemos comentado sus libros de memorias, los que el propio autor nos ha hecho llegar, fruto de antigua amistad.

Bien. Este libro, que se titula: "Camus. A contracorriente" (Galaxia Gutenberg), no es una obra "sobre" Camus, sino "con" Camus, a quien Jean Daniel tuvo el privilegio de conocer muy cercanamente. Ambos de origen argelino, los vinculó tempranamente una serie de vivencias personales, así como, naturalmente, la misma devoción periodística.

En 1953, escribe Jean Daniel, "dio comienzo una auténtica fiesta de amistad, que duró algo menos de diez años". Su amistad con Camus fue interrumpida por el desacuerdo sobre Argelia.

Tras los pasos de este hombre excepcional, Jean Daniel recuerda que Albert Camus pasó al periodismo en 1938. Camus sabía desde la adolescencia que él "era un hombre de la expresión". Llegó a ser director del emblemático "Combat". Defendía su profesión con idealismo, como cuando enumeraba las desviaciones que condenan al periodismo. En este sentido, esas desviaciones, según Camus, son las siguientes: "el sometimiento al poder del dinero, la obsesión por agradar a cualquier precio, la mutilación de la verdad con un pretexto comercial o ideológico, el halago a los peores instintos, el "gancho" sensacionalista, la vulgaridad tipográfica; en una palabra, el desprecio a los interlocutores".

Camus fue siempre un espíritu libre; lo aprendió con su maestro de niño, Jean Granier. Por ello, además, como conocía bien la impostura estaliniana, eludió la seducción marxista que experimentó Sartre. Y sobre ello, sostiene Jean Daniel, Camus no tenía complejo alguno sobre el proletariado, puesto que procedía de él.

Camus defendió el periodismo como parte de la literatura y del pensamiento. Su permanente lucha contra la impostura lo vincula con André Malraux, quien escribió esa frase que a todos nos ha impresionado siempre, y sigue haciéndolo hoy: "Ser hombre es reducir al máximo la parte de comedia de uno mismo". Como la conocía bien, Camus estaba en estado de alerta contra la mentira de quienes deforman la realidad, y lo hacía defendiendo el periodismo. Por eso definía así a un periodista: "Un historiador de la realidad diaria cuya primera preocupación es la verdad".

La vertical personalidad del novelista, dramaturgo y periodista, lo ha situado en este lugar de privilegio. Albert Camus, quien sigue vivo, como bien dice Jean Daniel, porque es nuestro contemporáneo.

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