El semanario brasileño Veja trae una noticia sensacional: el Presidente de Venezuela, coronel retirado Hugo Chávez, ha donado un millón de reales para el desfile de la escola do samba "Unidos da Vila Isabel" en el próximo carnaval carioca. Ese dinero —continúa la información— proviene de la caja de Pdvsa, la empresa petrolera estatal de Venezuela. Dicha transacción financiero-diplomático-carnavalesca fue intermediada por el embajador Julio García, acreditado en Brasilia. El director de dicha escola, el señor Wilson Vieira Alves, ha asegurado, por su parte, que el enredo "soy loco por ti América" financiado por Chávez no tiene intencionalidad política ni busca promocionar a ningún gobernante, y menos a un extranjero.
El altísimo precio a que se vende actualmente el petróleo (costaba 2 dólares antes de la crisis del 73, allí saltó a 12 y ahora ronda los 70) ha mejorado sustancialmente los ingresos de Venezuela y le permite a su Presidente financiarse una imagen internacional y asumir importancia en el conjunto de las naciones de América del Sur. Con dinero a raudales se compran ciertas amistades y con discursos anti Bush (facilitados al extremo por el propio Bush) se gana prestigio intelectual en ciertos ambientes. Estos dos elementos han hecho crecer la figura de Chávez en algunos círculos políticos, intelectuales y periodísticos de nuestro país. Incluso hay gente que cree que eso basta para merecer un lugar de destaque en el campo socialista.
Cuando el Presidente de Venezuela estuvo de visita por estas tierras tan carentes de petróleo fue muy aplaudido y agasajado. Viajó hasta el pueblito de Bolívar, allá en el confín de Canelones, se dio vuelta el cinto (frente a las cámaras, naturalmente) y encaminó donaciones varias. Ahora ha comprometido al firme 8 millones para salvar a Cofac. También prometió no sé cuánto para una planta de alcohol en Bella Unión y dijo que contaran con él para remodelar la refinería de La Teja. El petróleo a 70 dólares da para todo y Chávez no precisa autorización parlamentaria para disponer de esos fondos: dispone nomás.
Hasta ahora no ha llegado ni un sope, como es notorio, ni para Cofac, ni para Bella Unión, ni para Ancap ni nada. Pero no es eso lo que duele. Lo que descorazona es la pleitesía que se le rinde a este señor en ciertos ámbitos de la izquierda vernácula. Los semanarios de esa tendencia y los voceros partidarios se ocupan in extenso del Presidente venezolano: comentan prolijamente sus discursos y lo ponen como ejemplo atendible y significativo para la marcha de los pueblos del continente.
La izquierda uruguaya supo tener, en su tiempo, una dirigencia bien formada (en su línea de orientación, claro). En la concepción clásica de la izquierda el populismo era mal visto; se lo consideraba un engaño para el pueblo, un planteo poco científico, sin base conceptual, demasiado personalista, sin análisis profundo: en suma, algo peligroso. El aplauso caluroso y la admiración exultante que hoy se le prodiga a Chávez resulta desconcertante. ¿Basta con algo tan fácil como insultar a Bush para pasar a ser un líder mundial y héroe admirado?
Alguien podría pensar que la izquierda uruguaya tomó una opción táctica y pragmática: por la plata baila el mono, y si hay que tragarse algún sapo para recoger dólares, habrá que hacer ese sacrificio patriótico. Pero ni siquiera es así. Es más triste aun: el entusiasmo que despierta Chávez es auténtico, la admiración es genuina.
El sistema político uruguayo necesita de una izquierda, pero una izquierda seria. Con esto no quiero decir (me atajo) una izquierda menos izquierda. Más bien quiero decir una izquierda más exigente consigo misma. Los viejos izquierdistas uruguayos que recuerdo no compraban tranvías ni buzones.
La noticia de Veja sobre la participación de Chávez en el carnaval carioca termina así: "la farra de autopromoción que Hugo Chávez viene realizando a costa del dinero del pueblo venezolano es un crimen que espera castigo". Concuerdo.