Buen día para ser facho

La primera vez que escuché el ahora popular “Mal día para ser facho” fue en la semana previa al 1° de marzo: lo dijo una joven militante del FA en las redes sociales y en los días siguientes fue replicado en otros posteos y carteles. Le resté importancia: si uno se ofendiera de cada estupidez que se dice en Tiktok, tanto desde derecha como desde izquierda, terminaría enchalecado.

Pero me empezó a molestar cuando vi a una connotada senadora frenteamplista, Bettiana Díaz, portando una camiseta con la misma frase. Tuve ganas de responderle que a ella le faltaban algunos años para nacer cuando yo ya había sido investigado por la dictadura debido a mis crónicas contestatarias en los semanarios Jaque y Correo de los Viernes. Recuerdo al querido amigo Manuel Flores Silva enumerándome las objeciones de la Dirección Nacional de Relaciones Públicas (Dinarp) -una oscura oficina propagandística de la dictadura- a una investigación mía sobre el Sodre de la época. Le reclamaban pruebas fotográficas de lo que yo denunciaba, bajo amenaza de castigarme a mí y al semanario. Cuando vio mi cara, Manolo me dijo “no te preocupes. Dentro de un tiempo, si todo sale bien, nos vamos a acordar de todo esto a las risas”. Por suerte así fue.

A la inefable senadora tuve ganas de responderle también que renuncié a una medalla de plata con que quiso premiarme el IPA de la dictadura -cuando egresé con el título de docente de Literatura- debido a que la dirección de entonces pretendía realizar censura previa del discurso que me había invitado a pronunciar en la ceremonia. Que junto a la querida Stella Santos y a un grupo de amigos entrañables -entre los que estaba gente maravillosa como Jorge Orrico, Carlos Mara y Charles Ricciardi- desafiamos abiertamente al autoritarismo con la obra de Washington Barale La república de la calle. El espectáculo culminaba con Baltasar Brum gritando “Viva la democracia” y pegándose un tiro en el pecho. Ensayábamos en un momento en que el régimen tapó la olla que ya hervía, pretendiendo perseguir a cualquiera que lo cuestionara. Stella llamó a reunión del grupo y por amplia mayoría decidimos estrenar igual, mientras El Galpón seguía prohibido y muchos artistas padecían aún cárcel y exilio.

Pero resulta que para esta señora, que ahora ocupa una banca en el Senado por el generoso voto ciudadano, como no estoy contento por el cambio de gobierno no soy más que un facho.

Cada vez que aparece esa palabrita asociada a quienes, como demócratas, rechazamos tanto al marxismo como a sus edulcoradas versiones populistas, siento una rara mezcla de indignación y vergüenza ajena.

Me indigna que una generación que creció con los beneficios y comodidades de la democracia, levante semejante dedo difamatorio contra quienes pusimos el pecho a las balas para recuperarla. Y me da vergüenza la extraordinaria liviandad con que se profieren epítetos sin conocimiento ninguno, ni de la historia reciente del país ni de cuáles son los valores que defiende un sistema representativo de gobierno.

Por suerte el discurso inaugural del presidente Yamandú Orsi desmintió en forma categórica esa sarta de prejuicios imbéciles.

Habló de la importancia del pluripartidismo, aquel que en otros tiempos, agregaría yo, Fidel Castro calificara de pluriporquería. Habló del diálogo y el respeto, llamó a la negociación en el contexto de un gobierno que no tiene mayoría en diputados. Elogió a todos los presidentes de la posdictadura sin excepción y a ese paladín de la recuperación económica que fue Alejandro Atchugarry. Si bien le pegó al concepto de “libertad responsable” del gobierno saliente con una falsa oposición entre esta y la igualdad, debe reconocerse que emitió un mensaje muy claro contra los regímenes que privilegian la segunda por encima de la primera: “Ya la historia comprobó el error -u horror- de sacrificar la libertad en aras de una supuesta igualdad. No incurramos en la falacia contraria”. No es desdeñable esta definición para quien proviene de un partido que suele ser tibio en la crítica a las dictaduras de izquierda.

En este mundo del revés que se avecina, donde el mamarrachesco presidente del norte arma un tinglado público para basurear a Zelenski y mandata al representante estadounidense en la ONU a votar junto a Rusia, Corea del Norte y Nicaragua; donde los valores occidentales parecen caer como un castillo de naipes entre plutócratas ignorantes tipo Trump y Putin, y hordas de terroristas alimentados desde criminales dictaduras teocráticas, la verdad es que la gracia de la senadora Díaz vale para sí misma y la moralina berreta que representa.

Estos son buenos días para ser facho y no lo son tanto para quienes trabajan por la consolidación de democracias pluralistas.

Por supuesto que todos los republicanos debemos dar una amplia nota de crédito al nuevo gobierno. Corresponderá a ese gobierno entrenar a sus dirigentes más importantes en el ejercicio de la tolerancia y el respeto.

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