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Beneficios y costos

El desacuerdo causado por la decisión del Gobierno argentino de establecer una tasa aplicable a los buques de bandera extranjera que hacen uso del sector Santa Fe-Confluencia de la Hidrovía lleva más de ocho meses y, gradualmente, ha adquirido mayor temperatura. La buena noticia es que se han iniciado conversaciones entre el Gobierno argentino y el paraguayo para resolver el asunto. La información es que habría un consenso que toma en cuenta el derecho de Argentina de cobrar peaje para el funcionamiento de la Hidrovía.

Ese diálogo sería un paso positivo para todos países miembros del Acuerdo de Santa Cruz de la Sierra: Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay.

El propósito del Acuerdo es, precisamente “crear las condiciones necesarias para concederse mutuamente todas las facilidades y garantías posibles a fin de lograr la más amplia libertad de tránsito fluvial, de transporte de personas y bienes y la libre navegación”. Para conseguir ese fin, los países crearon un marco jurídico e institucional que concilia de la mejor manera posible la soberanía que cada Estado ejerce sobre sus cursos fluviales con -como recuerda el Acuerdo- los “tratados internacionales vigentes”, las realidades de la geografía y el interés compartido de todos de conseguir el mejor funcionamiento de ese sistema de transporte acuático.

El Acuerdo no le quita a las Partes su derecho de establecer tasas a la navegación, el cual deriva de la soberanía que cada Estado ejerce en sus aguas fluviales. Lo que hace es regular el ejercicio de ese derecho. Así, se acordó que no se podrá establecer ningún impuesto, gravamen, tributo o derecho sobre el transporte, las embarcaciones o sus cargamentos, basado únicamente en el hecho de la navegación, y que “solo podrá cobrarse la tasa retributiva de los servicios efectivamente prestados a los mismos”. Estas normas procuran tutelar los principios básicos del tratado de la libertad de navegación y de tránsito que contribuyen al desarrollo de toda la región.

Los resultados de lo pactado en Santa Cruz son impresionantes.

Un estudio de la Bolsa de Comercio de Rosario informa que en el 2021 la mercadería que viajó aguas abajo por la Hidrovía desde Paraguay, Brasil y Bolivia, ascendió a 13,7 millones de toneladas y consistió principalmente en cargas agroindustriales (soja, azúcar, maíz) y minerales (mineral de hierro brasileño). A ello se sumó el movimiento aguas arriba, con destino a aquellos países compuesto principalmente por combustibles, fertilizantes y carga general.

Las exportaciones argentinas embarcadas en los puertos de este país sobre la Hidrovía sumaron 75 millones de toneladas.

Un dato importante es que Nueva Palmira embarcó 4,9 millones de toneladas de las cuales 1,8 millones correspondieron a cargas llegadas por la Hidrovía desde Bolivia, Brasil y Paraguay (incluyendo soja, maíz y minerales de manganeso y hierro).

El movimiento seguro, eficiente y sin fricciones de esos buques y cargas requiere de fuertes inversiones en infraestructura, dragado y ayudas para la navegación. Es razonable que quienes se benefician de esas mejoras aporten a ellas.

Parecería, entonces, que el problema básico no es tanto el qué hacer (compartir costos), sino el cómo se hace. El tratado ofrece el camino. En beneficio de todos.

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