Con caprichosa frecuencia, el terrorismo manda su mensaje al mundo de que está presente y pronto para actuar. Para que no se olviden de él y la ferocidad que sus actos encierran.
Fue lo que ocurrió en Islamabad (Paquistán) el fin de semana, cuando un suicida hizo explotar un camión cargado de explosivos en el hotel Marriot, uno de los preferidos por ejecutivos y turistas internacionales. Se estima que alrededor de 60 personas perdieron la vida y el número de heridos por la explosión, derrumbes y el fuego superaba los 200.
Ninguna organización se ha atribuido la autoría, aunque las sospechas vuelven a caer sobre Al-Qaeda. Pero no importan los nombres; el mundo fue testigo una vez más de los mensajes terroristas y su forma de llamar la atención.