Ataque a la campaña

RIcardo Reilly Salaverri

Si un marciano llegase al país pensaría que el agro como puntal de la producción nacional, las agroindustrias de él derivadas y la multitud de actividades conexas (frigoríficos, escritorios rurales, veterinarias, servicios agronómicos, empresas y trabajadores de las más diversas labores, que arrancan de la campaña y terminan en las rutas y los puertos), son un desastre y que por lo mismo, merecen que un grupo de ciudadanos, urbanos de la cabeza a los pies, ideologizados, movidos por el resentimiento y la envidia, les castiguen rudamente con abrumadores impuestos.

Hay que tener presente que esos "citadinos" encabezados por el presidente de la República y sus compañeros nacidos del hacer terrorista, y los bolcheviques apolillados que le acompañan en la ruta, animados de propósitos totalitarios y extranjerizantes, nunca aportaron nada útil al país. No crearon una empresa estatal, no hicieron una usina hidroeléctrica, ni una carretera, no construyeron lo principal del sistema de agua corriente, se opusieron a la forestación, a las plantas de celulosa, a la asociación del capital público y privado que permitió entre otras cosas la doble vía Colonia-Montevideo y Maldonado-Montevideo; censuraron el levantamiento del hotel Conrad, y a la obra de los aeropuertos de Laguna del Sauce y de Carrasco, criticaron a la reforma jubilatoria, y en fin, se han levantado con calor de urna en base a la demagogia más descarnada y las crisis que padeció el país.

Son quienes en la hora más dura, cuando la crisis argenti-na -gobierno del Dr. Jorge Batlle- por boca del galeno Tabaré Ramón Vázquez, pidieron que nos declaráramos en "default" incumpliendo con nuestros compromisos internacionales, lo que nos hubiese llevado a un suicidio.

Hoy, han alimentado un clientelismo político como no se conoció en el país jamás. Nombrando empleados públicos a granel, inventándose cargos de confianza para sus amigos, dilapidando el esfuerzo colectivo en el despilfarro presupuestal más grande de nuestra historia, haciendo que una hora de bonanza sin par y exógena que podría acercarnos a Dinamarca o Suiza, nos haga vivir en medio de la delincuencia, la inseguridad pública, la destrucción de las Fuerzas Armadas, y la monstruosidad de un seguro de salud burocrático y soviético, con un impuesto a la renta que ha liquidado impiadosamente a los jubilados, y a la gente más esforzada, que pena a los ingresos brutos. Sin parangón en el mundo.

Y, en esto son todos la misma cosa. Los que secuestraban gente indefensa, robaban y mataban soldados y policías por usar un uniforme, los que hacen de la huelga su "modus vivendi" y los que posan de socialdemócratas y no tienen agallas para asumir una posición y actuar según su conciencia. Que dicen el secreto bancario no se toca, y se toca y lo aceptan; que dicen la ley de caducidad no se toca porque el pueblo la votó plebiscitariamente dos veces y se arrugan y se prestan a tocarla; que por cada paso que dan para adelante dan dos de reculada.

Como seguramente pase ahora con los anunciados impuestos al agro.

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