Antonio Mercader
Antonio Mercader

Los culpables del Filtro

Al cumplirse 20 años de la algarada del hospital Filtro hoy habrá manifestantes en bulevar Artigas que gritarán a favor de ETA, la banda terrorista que asesinó a más de 800 personas en España. Así, Uruguay volverá a convertirse en el único país del mundo en donde se celebra públicamente a una organización armada que —por suerte— hoy se encuentra al borde de la extinción.

Al cumplirse 20 años de la algarada del hospital Filtro hoy habrá manifestantes en bulevar Artigas que gritarán a favor de ETA, la banda terrorista que asesinó a más de 800 personas en España. Así, Uruguay volverá a convertirse en el único país del mundo en donde se celebra públicamente a una organización armada que —por suerte— hoy se encuentra al borde de la extinción.

Y otra vez la izquierda intentará tergiversar la verdad de aquellos sucesos para presentar al gobierno de entonces —presidido por Luis Alberto Lacalle— como responsable de todo lo sucedido el 24 de agosto de 1994. Aquel día, millares de personas convocadas por el Frente Amplio y el PIT-CNT rodearon el hospital en donde tres etarras, requeridos por España, decían estar en huelga de hambre para evitar su extradición.

Quienes dirigieron la pueblada, en especial los tupamaros, intentaron bloquear por la fuerza el cumplimiento de la extradición dispuesta por la justicia. Está probado —y hasta filmado— que manifestantes hicieron disparos contra el convoy de patrulleros y de ambulancias que llegó para llevarse a los etarras. Una fuerza policial mal equipada y poco preparada para enfrentar a una multitud hostil reprimió la algarada de manera caótica con el penoso resultado de un muerto y varios heridos.

Los tres etarras que la izquierda pintaba como inocentes fueron entregados al gobierno del socialista Felipe González y juzgados en Madrid. Uno de ellos quedó libre en tanto los otros dos recibieron graves condenas por los asesinatos cometidos. Años después el que fuera liberado quedó detenido, sometido a nuevo juicio y también sentenciado por homicidio. En suma, eran tres asesinos los que fingieron ayunar en el Filtro mientras afuera una turba —apoyada en persona por figuras como Tabaré Vázquez y Danilo Astori— clamaba por su liberación.

Libros y testimonios posteriores —en particular el que recogió los dichos del ex jefe tupamaro Jorge Zabalza— confirmaron lo que siempre se sospechó. Que detrás de aquel conato de resistencia armada estuvo la ETA que suministró armamento y apoyo a “los jóvenes radicales deseosos de tener su bautismo de fuego”, según los describió Zabalza. Esos radicales eran minoría entre los manifestantes, muchos de ellos convencidos por una hábil campaña de desinformación que los tres etarras eran nobles luchadores por la causa vasca y no viles asesinos.
Artífices de esa campaña fueron los tupamaros, antiguos socios de la ETA de la cual recibieron ayuda económica. Mujica, Fernández Huidobro y otros dirigentes tupamaros que impulsaron esa campaña y estuvieron activos en el Filtro quedaron descontentos con su propia actuación. Incluso, más adelante, cuando el secuestro y la amenaza de ejecución de un concejal español enviaron una carta a los etarras pidiéndoles un gesto de clemencia que finalmente no se produjo.

En el proceso posterior, el juez a cargo de la causa del Filtro concluyó en que había existido manipulación de los manifestantes con fines políticos por parte de grupos de izquierda. Hubo autocríticas en esos grupos, en el FA y en el PIT-CNT, pero pocas y en ámbitos reservados. Hasta hoy la postura corriente de la izquierda es que el culpable del triste saldo del episodio fue el gobierno de la época. En tanto, la mayoría de ellos siguen sin asumir su responsabilidad en la tragedia y ponen cara de “yo no fui”.

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