AFAP, “FAPIT”

Las AFAP, en un país como el nuestro con una fuerte impronta estatista, no deberían ser, a priori, de las instituciones de mejor opinión. Son el instrumento que se creó para hacer sostenible el sistema previsional, complementando al hasta hace 30 años monopólico BPS, buque insignia de nuestro estatismo criollo.

El banco previsional es de las organizaciones más prestigiosas y queridas por los uruguayos, la que garantizó prestaciones no solo jubilatorias sino esencialmente sociales. Sin embargo, allá por el 1995, hubo que reformar el sistema jubilatorio porque iba derecho a ser insostenible por deficitario. La curva demográfica fue, es, letal y la relación entre activos y pasivos hacía inviable el pago de jubilaciones y pensiones en el futuro. Si no se cambiaba al sistema mixto actual de reparto y ahorro individual, del BPS no quedaba ni el edificio y las jubilaciones habrían saltado por los aires.

La reforma que creó las AFAP tuvo la oposición ideológica y militante del Frente Amplio y del PIT CNT. El frente político sindical de la izquierda recorrió el país contra la “privatización” de la seguridad social. Así de simple y de maniqueo. El sistema mixto, que es lo que define la reforma que ya tiene 30 años, no entraba en la cabeza socialista, por la sencilla razón de que parten de la base de que solo el Estado es confiable y garantía de solidaridad, aunque estuviera quebrado. Los números decían que el sistema estatal puro se iba al bombo y no había Estado que lo hiciera viable; salvo que se sacara plata de las carreteras, de la escuela pública o de los hospitales.

Obviamente que la reforma de 1995 no estaba esculpida en piedra y la curva demográfica y la edad jubilatoria de los 60 años en un país con esperanza de vida superior a los 80 se iba haciendo difícil de administrar. La reforma jubilatoria del gobierno de Lacalle Pou y la Coalición Republicana llevaron progresivamente a 65 la edad de retiro y fortalecieron el sistema garantizando su vigencia y el pago de jubilaciones y pensiones.

Como la izquierda necesita controlar los fondos previsionales y solo la burocracia sindical se lo permite, se resisten a dejar que los ahorros individuales sean administrados y garantizados por las AFAP y los trabajadores puedan disponer de ellos con transparencia. Juntaron firmas e impulsaron un plebiscito prometiendo jubilación a los 60 años y eliminación de las antipatriotas AFAP. En un país como el nuestro esa victoria debería estar asegurada. Pero no fue así, un demoledor 61% de los ciudadanos votó para garantizar sus jubilaciones y sus cuentas individuales sin que cayeran en el poder político/sindical.

En el país del estatismo fue una victoria de la propiedad privada de los trabajadores que se rebelaron a la estatización de sus ahorros individuales. ¿Quién lo diría?

Hace un año el actual gobierno llamó a un “diálogo social”. Invitó a partidos y organizaciones. Los partidos Nacional, Colorado e Independiente no participamos. Ya se veía venir que el objetivo era tirar para atrás y ganar en la liga lo que se había perdido en la cancha, y retomar la estatización de las cuentas personales. La fórmula, no se puede decir que no es ingeniosa, no es eliminar el ahorro individual, sino eliminar a las AFAP y que sea una organización estatal quien las administre. El resultado es el mismo: el ahorro personal de los trabajadores estará bajo un sistema cuyo poder lo tiene la política y sus vaivenes. Que en el caso de la izquierda además se suma el PIT-CNT. Quiere decir que hoy sus popes serían el presidente del FA Pereyra y el sindical Marcelo Abdala. Una izquierda que mientras sus dirigentes quieren lanzar otra andanada impositiva y discuten el mejor impuesto para crear o tasa para aumentar y solventar un gasto público creciente y en varias áreas ineficiente, dispondrá bajo su égida una millonaria canasta de fondos que constituyen las cuentas individuales.

La pregunta es cuál es el motivo real del cambio que se está gestando en ámbitos de la izquierda político-sindical. ¿La mala administración de los fondos en estos 30 años? Nada se ha dicho al respecto. El motivo es solo uno: ideológico.

Reestatizar la administración de ahorros previsionales es abrir la puerta para que más temprano que tarde algún gobierno quiera recurrir a esos fondos para solventar mayor gasto, poniendo en riesgo las jubilaciones y las pensiones.

El 61% de los uruguayos llamados a decidir el destino de sus ahorros apoyó la vigencia de las AFAP. El poder político-sindical quiere apoderarse de su administración para beneficio político de ellos. No es un tema de Estado contra empresas, de BPS versus AFAP, es más profundo: si con libertad cada trabajador puede elegir la mejor y más segura forma de administrar sus ahorros o si eso lo decide el poder político-sindical. Si se defiende la propiedad privada o el muro de Berlín ideológico sigue de pie y es más fuerte que la libertad.

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