El asesinato de una reclusa de la cárcel de mujeres, marca un punto de inflexión en materia de lo que puede acontecer en un ámbito de este tipo. El crimen ocurrió en el Sector 3 de la cárcel, donde conviven actualmente 45 personas en alojamientos colectivos, en régimen de celdas abiertas. Evidentemente, eso se terminará, a partir del incidente que culminó con la muerte a puñaladas de la fallecida (tras de rejas por tráfico de drogas).
El comisionado parlamentario Álvaro Garcé manifestó que lo ocurrido confirma la tendencia de que cada vez haya menos diferencias entre la interna de una cárcel masculina y una femenina. Explicó: "Este homicidio no tiene antecedentes en una cárcel femenina".
Los "ajustes de cuentas" y otros asesinatos son moneda corriente en sitios como el Comcar o Cárcel de Libertad, pero no lo son (o no lo eran) en institutos para mujeres.
Este homicidio cometido con una cuchilla de cocina y cuya escena se quiso alterar para proteger a las responsables (la autora y dos cómplices), cambia, para peor, la visión que se podría tener de la Cárcel de calle Cabildo.
Es lamentable que ese sitio empiece a transitar por el camino de violencia interna habitual en tantos penitenciarios que hace años se han convertido en submundos cerrados, donde el principio de rehabilitar a quienes han delinquido se ha ido desdibujando dentro de un marco de pandillas, adicción, muerte y abusos de todo tipo.
Claro que esta última vuelta de tuerca podría describirse como un episodio en cierta forma previsible: el hacinamiento había ido aumentando a un grado tal, que se estaban alojando mujeres en el sótano de la vieja prisión.