Los cercos y mangas de piedra comenzaron a construirse en Uruguay alrededor de 1740 y siguieron levantándose hasta fines del siglo XIX. Con ellos, la ganadería pasó de explotar ganado cimarrón para manejar ganado manso o estante, previo a la introducción del alambrado.
Lo que el tiempo no pudo destruir, sí lo hizo la mano del hombre y muchas de estas estructuras se perdieron. Sin embargo, existen muchas otras que aún están en estado de abandono y que precisan ser documentadas, porque forman parte de la rica historia de la vaquería en el país.
En ese sentido, desde hace muchos años, el profesor Ricardo Sienra está abocado a identificar y documentar las pocas mangas y cercos de piedra que aún existen en pie y que, en la mayoría de las veces, pasan inadvertidas ante los ojos del propietario del campo.
"Empecé a ir a la Biblioteca Nacional, al Archivo General de La Nación y tuve posibilidades de conseguir mucha bibliografía", explicó el profesional, que además es veterinario, al contarle a El País su afición.
Sienra cuenta con el apoyo de la Asociación Rural del Uruguay, con el de la dirección del Museo Histórico Nacional y con el del Ministerio de Turismo y Deporte, cuyo ministro Héctor Lescano declaró su trabajo de Interés Turístico. Por un lado existen los corrales de encierro transitorio y concentrado de animales, por el otro, se encuentran los cercos o muros, en muchos casos, usados para delimitar los límites de las propiedades.
"La inmensa mayoría de los corrales eran circulares, aunque también existen algunos cuadrados y rectangulares", explicó el historiador.
Según los trabajos del profesor Barrios Pintos, era muy raro que el diámetro de los corrales superara los 100 metros, visión que también comparte Sienra. El estado de conservación de las mangas y corrales detectados es variable. "Algunos continúan en pleno uso, mientras que otros están parcialmente destruidos o persisten restos aislados".
En opinión del profesor Barrios Pintos las mangas son más antiguas que los cercos de piedra y hay antecedentes de su construcción desde el comienzo de asentamientos de tipo productivo. "Antes de 1767 ya existían mangas de piedra en Uruguay para el ganado, en su momento construidas por esclavos, pero también por los guaraníes", recordó el profesor Ricardo Sienra. A lo largo de varios años, Sienra ha documentado muchas mangas y, lo más importante, consiguió que varios estancieros tomaran conciencia del valor histórico que tienen y apunten a preservarlas.
i Datos. e-mail de contacto: rsienra@yahoo.com