CONSULTORA SERAGRO
Este no es un domingo cualquiera; es fecha de elecciones que pueden estar determinando cambios sustanciales en la orientación de las políticas públicas. Por eso, los analistas económicos han estado siguiendo con atención los movimientos en el mercado financiero, porque es el más sensible, el primero que responde a un cambio en las expectativas, que es capaz de sufrir una estampida ante cualquier ruido sospechoso en el ambiente. Mucho más desde que el país vivió la profunda crisis de su plaza financiera hace dos años, conmoción de la que aún conserva muchas heridas sangrantes.
En ese sentido, es oportuno observar lo que ocurre en otros ámbitos, como el de la producción agropecuaria. A diferencia del mundo financiero, los tiempos del campo son mucho más lentos. Las decisiones económicas se toman con horizontes de mediano plazo, el tiempo de maduración de las inversiones es generalmente extenso —de algunos meses como mínimo en la agricultura, a varios años en la ganadería—; en todos los rubros la compra de un activo fijo, de un predio, la reparación o construcción de un galpón, un alambrado, o la adquisición de maquinaria, o de semovientes —en particular si son vientres o reproductores machos—, se realizan con vistas a desarrollar una producción extendida en el tiempo.
Y en ese sentido, los operadores no encuentran una incidencia mayor de la coyuntura política: los mercados siguen funcionando normalmente, aunque algunos comentarios refieren a cierta cautela sobreviniente que se traduce en un enlentecimiento comercial en las últimas semanas. Es imposible, a esta altura, cuantificar el fenómeno, pero damos cuenta de informes de una cierta retracción en la compra de maquinaria, de insumos y agroquímicos, de algunos remates de reproductores que no cumplen las expectativas previas, de una pausa en la negociación de algunos campos, que podrían adjudicarse a la circunstancia electoral.
Sin embargo, todo esto no pasa de matices, de señas menores, que no sugieren un cambio sustancial en la tendencia establecida de fuerte dinamismo y crecimiento en los distintos sectores de la producción agropecuaria.
Precisamente, cabe señalar la intensa actividad que se registra en el mercado de haciendas, reforzada luego de las lluvias recientes, que aventaron temores de sequía, así como la elevada intención de siembra de cultivos de verano, que no ha podido plasmarse plenamente justamente porque las chacras están con agua e impiden las labores.
Quien vende un ganado a frigorífico en estos días —y se está alcanzando un récord en el nivel de faena—, lo hace generalmente concediendo un plazo para el pago, el más habitual, de 45 días. Y en el mercado de reposición es frecuente concertar plazos mayores, y es notoria la afirmación de la plaza, ajustada a la mejora en la situación forrajera.
Este aspecto financiero de las transacciones de hacienda podría estar mostrando un castigo mayor en los precios de contado, una suba adicional de los intereses, atendiendo los supuestos riesgos que podrían plantearse. El mercado ganadero, sin embargo, sigue funcionando normalmente, con total tranquilidad y firmeza. Otro tanto cabe decir de los mercados agrícolas, que no muestran cambios adjudicables a factores políticos locales. Cabe subrayar la importancia de la certeza jurídica, la seguridad en el mantenimiento de condiciones generales y reglas de juego que han permitido la rápida recuperación de la actividad productiva, sostenida en la competitividad natural de nuestros principales rubros, que posibilitó el aprovechamiento de una coyuntura de precios internacionales favorable.
Hay mucho para hacer —¡qué duda cabe!—, pero hay áreas que funcionan aceitadamente y deben ser preservadas.
En los últimos 12 meses, se exportaron 373 mil toneladas de carne bovina (equivalente carcasa), por un valor de U$S 567 millones. Ambas cifras constituyen records absolutos para un período anual.
La previsión de que se superarán este año los U$S 600 millones está cada vez más cerca.
Este año se espera lograr una producción de 1.400 millones de litros de leche total.
Las exportaciones de lácteos superarán los U$S 150 millones según fuentes industriales, lo que también representa un record para el rubro.