Montevideo, puerto ideal de los pesqueros

Negocios. Los pesqueros generan empleos, ingresos, atraen líneas regulares y containers

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EMILIO CAZALÁ

Demasiados accidentes con pesqueros coreanos, nos sugieren que Prefectura tiene instrumentos y personal idóneo para prevenirlos pero debemos seguir cuidando esta veta de negocios bien rentable y además construir el muelle pesquero.

Más allá de los desafortunados accidentes en pesqueros coreanos ocurridos en nuestro puerto donde hubo pérdida de vidas, cabe hacer algunas reflexiones o quizá considerar algunos apuntes de esta actividad en el puerto de Montevideo. No consideramos los estrictos aspectos técnicos porque por complejos no los manejamos en profundidad, aunque conocemos que, por ejemplo, el uso de gas amoníaco para sus cámaras refrigeradas es más conveniente que utilizar el gas freón 22 que es más caro. Sabemos que el gas amoníaco se está utilizando cada día más porque es más eficiente y ecológico ya que no afecta la capa de ozono y en cambio el freón 22 sí lo hace. Pero en este tema hay opiniones diversas y bien polémicas. Como ventajoso encontramos que el amoníaco denuncia su presencia por el fuerte olor y el freón por el contrario es inodoro, no se percibe e invade los espacios suprimiendo el oxígeno. La gente al pretender escapar de los espacios confinados no perciben la falta de oxígeno y puede resultar fatal, pudiendo generarse una explosión por calentamiento y compresión, otra faceta peligrosa. Pero éste no es el tema.

En la otra punta están los frecuentes accidentes en pesqueros coreanos especialmente su cadencia y regularidad en horas de madrugada y en lugares casi similares -siempre hacia proa- como se ha divulgado, y también en la máquinas. Esto ha intrigado por cierto no sólo a las autoridades sino también a otros actores. Por consiguiente son sucesos que habrá que investigar y será la Prefectura del Puerto de Montevideo quien asumirá el liderazgo por estar bien capacitada para hacerlo ya que maneja reglamentos, decretos y leyes para la prevención, pero además cuenta con profesionales idóneos para hacerlo. Una tercera pata de este grosso asunto, son los seguros de los barcos pesqueros que más importante que protegerse a sí mismos -casco, máquinas y carga- deben contar al entrar a Montevideo, con seguros que asuman daños colaterales a vidas y bienes de terceros dentro del puerto, por ejemplo con adhesión a un Club de P&I (Protección e Indemnización). Un reciente decreto del Poder Ejecutivo obliga a todos los pesqueros y naves que ingresen a puerto a contar con él. También se obliga a todas las naves, incluidos los pesqueros, que permanezcan en puerto más de diez días, a contratar con el BSE un seguro de responsabilidad civil y daños contra el medioambiente para casos de accidente (el pago aproximado es de 300 dólares mensuales) aunque creemos que eso es un gasto doble pues ya lo cubre el Club P&I. La otra pata de este asunto no menos importante por cierto, es la actuación de los bomberos en caso de incendio, ya que casi siempre el barco termina hundido por exceso de agua. Este es un problema de los bomberos.

REFLEXIÓN. Para nosotros el tema básico y motivo de esta nota, es no generar a raíz de tales accidentes un clima de pánico, negativo para Montevideo. Esto va para todos: autoridades y los titulares periodísticos, ya que está implícita una actitud imprudente, la posibilidad de afectar una actividad que para el puerto de Montevideo es una fuente valiosísima generadora de empleos y de ingresos. Más que buscar culpables, malignidad y malas artes, lo aconsejable es buscar soluciones inteligentes con dedicación y hacer esfuerzos en la prevención en base a la labor inspectiva a los efectos de prevenir accidentes detectándolos antes de ocurrir, para no manchar Montevideo. Uno de los pasos, ya lo está implementado la Prefectura, con inspecciones técnicas sorpresivas y especialmente en la madrugada y también suprimir actividades de taller fuera de las horas de luz y obviamente el tema de los seguros con la exigencia obligatoria de su tenencia antes de entrar a puerto. Hay que reconocer el profesionalismo con que ha actuado la Prefectura en los últimos incidentes en coordinación con otras autoridades y privados; acciones correctamente planificadas y acertadas evitaron daños mayores a bienes de terceros, puerto, medioambiente y sobre todo vidas humanas.

Los barcos de por sí y sin excepción son objetos flotantes no tanto peligrosos, sino potencialmente en situación crítica o de alerta. Lo son todos: los cruceros de turismo, los portacontenedores, los petroleros, gaseros, los ferrys, pero los pesqueros lo son en mayor grado, por ser talleres de trabajo flotantes exigidos las 24 horas conviviendo los motores con los combustibles y gases refrigerantes y soldadores, y nunca faltan las distracciones y recursos humanos carentes de profesionalidad, desentendimientos idiomáticos y culturales, cansancio, rutina y mantenimiento avaro.

Hay barcos pesqueros de primera línea, modernos y costosos, bien confortables para las tripulaciones como son los españoles con sus terceras banderas y luego están los coreanos y chinos no demasiado esmerados en su presentación con un mantenimiento que deja mucho que desear. Contratan marinos vietnamitas, chinos nacionalistas, indonesios, camboyanos filipinos y aquí surgen problemas no sólo de idiomas, sino de razas, culturas, hábitos, y nivel educacional por debajo de los estándares. Reparaciones incompletas, no pocas veces realizadas por los propios tripulantes seguramente para reducir costos. Los varios talleres navales en Montevideo son una rica fuente de información. Pero también hay armadores coreanos de primera línea y muy buenos.

MODIFICACIONES. Según los expertos y los que bien saben de estos barcos, presumen que algunos pesqueros coreanos modificaron la capacidad de bodega y obligadamente agrandaron el potencial del compresor frigorífico de amoníaco sin el menor rigor científico, o sea sin normas estándares internacionales, por lo que el control técnico del barco desaparece por estar lejos de la autoridad marítima coreana. Fue así que la autoridad marítima uruguaya debió tiempo atrás legislar sobre las plantas de amoníaco en buques pesqueros.

No deben sorprender entonces los estallidos de incendio en horas de la madrugada en un ámbito de muchos idiomas y nacionalidades de determinado nivel cultural e intelectual; sucesos que generan muchas dudas para los técnicos uruguayos aunque algunos tienen ya opinión bien formada. Pero para la Justicia hay que tener pruebas que son muy difíciles de obtener entre otras causas por carencia total de intérpretes como el caso de los tripulantes de nacionalidad vietnamita.

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