Por Gustavo Stok/Buenos Aires
La recuperación de la economía argentina post-pandemia pisó el freno en septiembre del año pasado y desde entonces el nivel de actividad viene registrando una sostenida retracción.
La escasez de dólares que impide a la industria acceder a los insumos necesarios para la producción y una sequía histórica que derrumbó las cosechas de soja y maíz son los principales factores que provocaron el cambio de tendencia. A ese escenario se sumó en los últimos tres meses la caída del consumo, una de las pocas variables que se mantenía a flote ante la necesidad de los consumidores de adelantarse al aumento generalizado de los precios.
“En el cuarto trimestre del año pasado el nivel de actividad económica cayó 1,8% frente al anterior, el primer trimestre de 2023 probablemente será levemente negativo y el segundo ya mostrará un descenso más fuerte dado que en ese período impactará a pleno la sequía. Con ese panorama, estamos proyectando una caída del 3,1% del Producto Interno Bruto (PIB) para este año, un escenario base que no tiene incluida una eventual disrupción financiera”, dijo a El País el economista Sebastián Menescaldi, director asociado de EcoGo Consultores, en Buenos Aires.
Tras el derrumbe del 9,9% del PIB registrada en 2020 producto de la extensa cuarentena, la economía argentina se recuperó con un salto del 10,3% al año siguiente. Aunque más moderada, esa tendencia continúo el año pasado. Si bien aún no hay una cifra oficial sobre el resultado final del PIB en 2022, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) -un indicador que adelanta la trayectoria de la producción de bienes y servicios- registró un avance del 5,2%. Con eso, la economía argentina logró encadenar dos años seguidos de crecimiento por primera vez en la última década.
Sin embargo, el promedio de expansión económica alcanzado en 2022 no refleja las fuertes variaciones que se dieron a lo largo del año. Impulsado en buena parte por el arrastre estadístico que dejó el fuerte crecimiento del año anterior, el nivel de actividad exhibió durante el primer semestre registros positivos que luego se fueron moderando.
“Con una fuerte resiliencia del consumo y la inversión a las distorsiones macroeconómicas, el indicador de crecimiento de la economía en 2022 resultó el doble de lo proyectado a comienzos de año. De hecho, el consumo creció el 9% interanual y la inversión, arriba del 10%. Sin embargo, a partir del tercer trimestre el ciclo económico empezó a dar signos de moderación, primero, y de caída, después”, dijo a El País Elisabet Bacigalupo, economista de la consultora Abeceb, en Buenos Aires.
Ante la escasez de reservas netas en el Banco Central –rondan los U$S 4.000 millones- y las severas dificultades para cumplir con el stock trimestral comprometido con el Fondo Monetario Internacional (FMI), en los últimos meses se fueron profundizando las restricciones al acceso de divisas para importaciones.
Según un relevamiento realizado en diciembre por la Unión Industrial Argentina (UIA), más de un 80% de las empresas indicaron que los plazos de aprobación de las solicitudes con el nuevo Sistema de Importaciones República Argentina (SIRA) lanzado por el ministro de Economía, Sergio Massa, en octubre pasado fueron más largos que con el esquema anterior.
Esas restricciones crecientes vienen encareciendo y limitando el abastecimiento de insumos claves para la actividad industrial. A eso se sumó el alza del costo de financiamiento ante la abrupta suba de tasas de interés aplicada por el Banco Central para intentar contener las presiones cambiarias e inflacionarias.
Ese combo no solo viene provocando caídas de la actividad industrial en los últimos meses, sino que anticipa nuevos descensos para este año. De acuerdo a una encuesta realizada por la UIA a 486 empresas a fines del año pasado, solo el 28,2% de las compañías mantiene expectativas positivas sobre su propia situación económica.
EL IMPACTO DE LA SEQUÍA.
La falta de divisas para las importaciones se viene acentuando ante el avance de la sequía en la zona núcleo, la principal área productiva de granos del país. De acuerdo a un reciente informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, transcurridas tres semanas de febrero, las lluvias acumuladas sobre la región núcleo apenas alcanzan entre el 10% y el 50% de los valores mensuales medios estadísticos. Con eso, la cosecha de soja acumulará solo el 33% de lo que se esperaba al comienzo del ciclo.
Ese escenario viene empeorando las proyecciones de ingreso de dólares. Según estimaciones recientes de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, este año podría registrarse una caída de casi U$S 10.000 millones en exportaciones. En caso de que no se normalicen las precipitaciones en lo que resta del ciclo agrícola, el descenso podría trepar a U$S 14.000 millones. Además del recorte en la entrada de divisas, la menor cosecha viene derivando en un menor movimiento económico en las ciudades del interior del país que tienen al sector agropecuario como su principal actividad.
A ese panorama se agregó la caída del nivel de consumo, la variable que había sostenido a la economía argentina durante buena parte del año pasado. “En 2022 hubo un crecimiento del empleo informal muy significativo y un modesto aumento del empleo en el sector formal, lo que permitió compensar la caída de los salarios frente a la inflación. Además, la expectativa de una inflación en alza generó mucho adelantamiento de consumo. Sin embargo, ese efecto transitorio ya empezó a agotarse en el cuarto trimestre del año pasado”, dijo Bacigalupo.
Luego de registrar caídas interanuales en tres de los últimos cuatro meses del año pasado, el consumo masivo -alimentos, bebidas y productos de higiene y limpieza que se comercializan en grandes cadenas de supermercados, autoservicios y comercios de cercanía- descendió 1,6% en enero con respecto al mismo mes de 2022, según la consultora especializada Scentia.
La menor demanda interna y las crecientes dificultades para acceder a divisas también anticipan una brusca caída de las importaciones para este año. Luego de un salto interanual del 29% en 2022, el último Relevamiento de Estudios de Mercado (REM) –un promedio de estimaciones de bancos y consultoras recopiladas por el Banco Central- proyecta una reducción del 7,6% de las importaciones para este año.
Ese brusco cambio de tendencia amenaza con impactar sobre las ventas uruguayas al mercado argentino, el cuarto destino de las exportaciones en 2022. El año pasado, las colocaciones en el país vecino totalizaron U$S 1.250 millones, más del doble de lo registrado en 2021. Sin embargo, en enero y febrero de este año ya las exportaciones cayeron 2% y 26% respectivamente con respecto a los mismos meses de 2022, según datos de Uruguay XXI.
“Hay dos cuestiones que serán claves para el desempeño de la economía argentina este año: la sequía y la falta de dólares para importar. A eso se suma que la incertidumbre electoral afectará las decisiones de inversión y de consumo, sobre todo en bienes durables e inmuebles. Será un año de retracción económica con niveles de inflación que no cederán”, dijo Menescaldi.