La inflación no es el único problema ni el principal

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HORACIO BAFICO/GUSTAVO MICHELIN

En las últimas semanas se suman acontecimientos como la suba del dólar, los reclamos de aumentos salariales y el ajuste postergado de tarifas públicas que hacen prever un cierre de año con fuertes presiones inflacionarias.

El nivel promedio y las expectativas de mercado están por encima de lo comprometido por el gobierno, pero el control que se procuró ejercer con la suba de la tasa de interés en los seis últimos meses logró controlar las fuerzas que hacían peligrar su estabilidad por debajo del 10%. La realidad actual indica que la inflación es alta y se ubica entre el 7,5% y el 8,5%, pero se revirtió la tendencia de aceleración que predominara hasta junio.

Repasando las presiones por el lado de los costos, lo más inmediato es la suba del dólar en el último mes. La actual cotización interbancaria, en el orden de $ 20 por dólar, se ubica un 7,5% por encima del cierre de agosto, que a su vez había subido algo en relación al cierre de julio. Esto implica, en primer lugar, una presión sobre los precios de los bienes transables internacionalmente, ya sea porque son importados y su reposición resulta más cara, o porque son parte de las exportaciones y se elevó el costo de oportunidad de vender en el mercado interno.

Del análisis de los artículos que componen el IPC, se observa que en el orden del 42% de la canasta de consumo se corresponde a bienes y servicios comercializables con el resto del mundo. Como el común denominador de estos precios es el tipo de cambio para expresarlos en pesos, se suele afirmar que hay un traspaso de la devaluación a la inflación. Tal impacto no es lineal pues son muchos los factores que juegan al momento de determinar los precios, pero por lo pronto se sentirá. Hoy por hoy la expectativa del mercado ubica la cotización del dólar para los próximos seis meses un 4% por encima de lo previsto en julio. Esta variación no es tan grande como la observada hasta la fecha, pero ya está teniendo impacto en algunos rubros del IPC, lo que se informará a comienzos de octubre.

Un porcentaje muy alto de los bienes comercializables internacionalmente son alimentos que por otro lado vienen acumulando en el año un fuerte incremento de los precios internacionales. El futuro de estos precios es incierto, hasta el momento el impacto ha sido muy inferior al de la crisis del 2008 y la demanda global no se ha deprimido como en aquel entonces. De todas formas, las tasas crecientes han desaparecido y la expectativa es a una leve corrección a la baja o en el mejor de los casos a que se mantenga el nivel actual.

TARIFAS. Una de las variables de ajuste en la variación del IPC han sido los precios administrados por el Poder Ejecutivo. En el contexto actual de suba del dólar, se está hablando de la necesidad de ajuste que existe en los combustibles y en la energía eléctrica. Estos componentes de la canasta de consumo representan en forma directa el 7% pero tienen una incidencia indirecta muy fuerte a través de los gastos de transporte y el uso de los mismos como insumo para todos los restantes bienes y servicios.

También se anuncian ajustes en precios administrados como el de la leche natural al mostrador que podría pasar de $ 13 a $ 15. Estos dos pesos representan un incremento del 15% en un bien que configura el 0,6% de la canasta de consumo que compone el IPC.

Los ajustes de salarios representan otra fuente de presión del lado de los costos para la suba de precios. En los convenios colectivos hay dos argumentos de suba de salarios: la inflación y el crecimiento real.

En el primer caso ocurre que los sindicatos han aceptado acordar que el aumento sea igual al objetivo anunciado por el gobierno del 5% anual, pero con ajustes posteriores si hay desvíos. La realidad está marcando una variación superior que determina una dinámica de ajustes anuales que genera saltos en el nivel salarial en enero y julio de cada año. En julio del 2011 el desfasaje se ubicó en el 3,5% y es posible que en enero se localice en el 3%.

El crecimiento salarial pactado depende de cada sector, pero oscila entre el 1% y el 3% con lo que hay elementos de presión en el ajuste de enero que no serán menores.

La inflación promedio de los últimos cinco años se ubica en 7,5% anual, oscilando entre el 6% de mínima y el 9% de máxima. Las expectativas del mercado se suelen ubicar en este rango, es como que el máximo actual de la política monetaria se tomara como un piso para la realidad.

La suba de la tasa de interés de política monetaria en marzo y junio han dado su primer resultado al frenar la tendencia ascendente observada en la segunda mitad del 2010 y primer trimestre del año. El esfuerzo realizado es evidente. Para plazos largos como un año o año y medio, se observan tasas de interés reales positivas en el orden del 4% anual. Esto se ha reflejado también en la expansión del dinero que bajó a la mitad pasando de tasas del 30% anual al 15%.

En el contexto actual, si bien alta, la inflación no luce como el principal problema de la economía. Ante la incertidumbre que despierta la coyuntura internacional y las expectativas de enlentecimiento en la actividad económica, los problemas mayores radican en evitar el desequilibrio de un consumo interno creciente. Para esto no alcanza con un solo instrumento como la tasa de interés. Por un lado es necesario subirla para frenar el consumo interno. Pero, por el otro, es necesario bajarla para reducir la presión a la caída del tipo de cambio nominal y ayudar a mejorar la rentabilidad del sector exportador.

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