EMILIO CAZALÁ
Días pasados, en un almuerzo inolvidable en el Club de Golf, recibimos el homenaje de la Comisión Permanente de Transporte de la Cuenca del Plata, en el que participaron una treintena de armadores, operadores de cargas, directivos de puertos y figuras representativas de los sectores fluviales de los cinco países del Tratado de Santa Cruz, a cuyo encuentro se sumaron por Uruguay el Centro de Navegación, la Liga Marítima, la Cámara de la Marina Mercante, la Asociación de Despachantes de Aduana, la Agencia Marítima Vicomar S.A. de Nueva Palmira. Y se sumó a ellos, un afectuoso llamado telefónico desde Santa Cruz de la Sierra de Joaquín Aguirre Hodgkinson. Para nosotros, fue acaso el reconocimiento más emotivo de nuestra vida periodística, porque en él está involucrada la batalla por la Hidrovía Paraguay-Paraná que ha sido a lo largo de nuestra vida profesional uno de los objetivos más caros, comenzado en 1985, al borde del canal Tamengo con Joaquín Aguirre Lavayen, hoy desaparecido.
Habiendo sido admitido como miembro honorario de CPTCP, entidad que agrupa a todo el sector privado fluvial de los cinco países, no esperábamos esta demostración tan generosa, porque siempre nos hemos sentido integrados a este grupo humano como uno más. Realmente fuimos sorprendidos. A todos los participantes del encuentro les conocemos desde hace años y a muchos de ellos desde el principio del camino. A todos ellos hemos entrevistado, en Asunción, en Santa Cruz, en La Paz, en Puerto Cáceres donde comienza la Hidrovía, en Buenos Aires, en Corrientes, en Nueva Palmira, en Campo Grande, en Corumbá, en Montevideo y en Nueva Palmira.
Por ellos y con ellos, y otros que ya no están, entramos en la cultura de la Hidrovía, y nos hemos enriquecido de sus conocimientos. La recorrimos a lo largo de sus 3.600 km, habiendo llegado casi hasta donde nace el río Paraguay, junto a ellos, verdaderos señores por educación personal, hombres especiales moldeados en la vocación de las aguas y las embarcaciones, una hermandad de Camioneros del Río, que nada tiene que ver con el recuerdo que nos dejó Onassis, de riquezas y bellas damas, sino que la nuestra es gente que solo quiere echar a andar las barcazas y los remolcadores y menos palos en la rueda.
Este almuerzo, al verlos a todos, nos trajo gratísimos y hermosos recuerdos en nuestro otoño: son trozos de nuestra vida personal y profesional y compartidas vivencias, trabajando unidos por la Hidrovía, tratando de hacer entender a los políticos la importancia de este proyecto que hasta el día de hoy no es tarea fácil aquí, ni en Paraguay, ni en Argentina, porque entienden que se les está disputando parcelas de poder. Con ellos hemos participado en foros, talleres, encuentros, simposios, congresos y en cada uno de estos sucesos hay un trozo de nuestra vida.
¡Qué hermosa reunión! Luego se agregaron las generosas palabras de Jan Van Hoogstraten, por segunda vez Presidente de la CPTCP, quien más allá del voto de confianza a nuestro trabajo nos colmó de elogios personales que nos llegaron al corazón. Afirmó que nuestras notas circulan por la región con interés, respeto y predicamento. Sus expresiones fueron compartidas por los presentes.
A todos estamos muy reconocidos por esta demostración pero como decía uno de nuestros primeros jefes, don Carlos Scheck, "mañana hay que hacer un gran diario", así que la batalla por la Hidrovía continúa y debemos sobreponermos como siempre a la eterna pregunta de la otra parte ¿De qué están hablando? De la Hidrovía señor, y de todos los problemas que tenemos, uno de ellos, el de los baquianos uruguayos.
Hay que seguir trabajando. Es la Aventura de la Hidrovía que durante 30 años hemos compartido en una especie de combate, decididos a ganar. Este impulso común, que nos hermana, nos hace saber que vamos avanzando, y no poco.