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entrevista

¿En qué sugiere invertir la gestora de fondos de inversión más grande del mundo?

“El régimen de mayor volatilidad económica no va a ir a ningún lado”, dijo Axel Christensen en entrevista con El País.

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Axel Christensen, director de Estrategias de Inversiones para América Latina de la gestora de activos estadounidense BlackRock
Axel Christensen, director de Estrategias de Inversiones para América Latina de la gestora de activos estadounidense BlackRock.
Foto: Juan Manuel Ramos

Por Fabiana Culshaw
Axel Christensen es director de Estrategias de Inversiones para América Latina de la gestora de activos estadounidense BlackRock, considerada la mayor del mundo. Es de origen chileno y trabaja en la firma desde 2009, hoy en día desde Miami. Ocupó cargos gerenciales en empresas financieras de peso en su país y fue miembro del Consejo Consultivo de Mercado de Capitales del Ministerio de Hacienda de Chile (2008-2018). Antes, fue miembro del Consejo Asesor Presidencial para la Reforma de Pensiones, asesor del Banco Mundial y de la Superintendencia de Valores y Seguros de Chile. Vía correo electrónico responde a El País.

-¿Cómo se presentan los mercados de inversión y qué los diferencia de los tiempos de la pandemia del covid-19, o incluso de la prepandemia?

-Vemos que los mercados de inversión -tanto en los mercados desarrollados como varios emergentes- están mucho más pendientes de la manera en que los bancos centrales enfrentan los altos niveles de inflación y los riesgos de recesión que ello pueda provocar. Vemos además una elevada sensibilidad con respecto al trayecto que las tasas de interés puedan tomar, así como el impacto que puedan llegar a tener sobre la actividad económica, y en el caso de los mercados bursátiles, el efecto sobre resultados corporativos. La excepción a lo anterior es China, que se encuentra en una etapa de crecimiento económico (luego de que las autoridades levantaran las restricciones que tenían impuestas por covid-19 a fines del año pasado). Creemos que este impulso se extenderá y posiblemente beneficie a economías emergentes y sectores que tienen una fuerte exposición al crecimiento económico de China. En contraste a lo anterior, podemos ver que, durante la pandemia, los mercados estaban mucho más enfocados en el proceso de reapertura económica (tras el congelamiento que causaron las políticas sanitarias implementadas para hacer frente al covid-19). Aquí eran clave los programas de ayuda por parte de los gobiernos, así como las inyecciones de liquidez por parte de los bancos centrales. Y en la prepandemia, el foco estaba puesto en el proceso de normalización de condiciones financieras (principalmente tasas de interés) luego de un muy extendido período de recuperación tras la gran crisis financiera del 2008. Vale la pena recordar que fue recién en el 2018 que, por ejemplo, se logró que el desempleo en Estados Unidos, el cual rozó el 10% a fines del 2009, cayera por debajo del 4%. En este período también vemos mucha atención -y nerviosismo- alrededor de las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, iniciando en el 2018.

- Usted ha señalado en un reciente evento en Uruguay hace un mes que entramos en un mundo just in case, hablando de los mercados. ¿Podría explicarlo?

-Durante varias décadas, la economía global vio una creciente oleada de distintos procesos asociados con la globalización, en donde las empresas diseñaron sus procesos productivos para maximizar la eficiencia, incluyendo la búsqueda de los menores costos de producción. Esto llevó a que mucha de la capacidad de manufactura se trasladara y centralizara en Asia, y en China en particular. Es en este período que se desarrolla el modelo de producción just in time (justo a tiempo), el cual busca producir a los menores costos y en poco tiempo, manteniendo mínimos los niveles de inventarios. Este proceso fue muy importante para que la inflación en buena parte del mundo se mantuviera baja y estable por mucho tiempo (ya que mayor eficiencia y economías de escala permitían mantener los costos de producción muy bajos). A partir del 2018, el modelo de just in time se empieza a ver bajo mucha presión. Algunos de los factores que llevan a esto incluyen: el inicio de las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, los efectos de la pandemia, la guerra en Ucrania, así como la creciente escalada de rivalidad China-Estados Unidos sobre las cadenas de suministro. Las empresas se dan cuenta que deben diversificar los riesgos de producción centralizada en China, al igual que la dependencia de suministros de Ucrania o Rusia. Esto nos lleva a transitar a un modelo just in case (por si acaso), donde se busca tener redundancia o un respaldo en los procesos productivos, junto con mayores niveles de inventario, por seguridad. Estos cambios son buenas noticias para los países que se convierten en centros alternativos de producción, que se localizan más cerca de los centros de consumo. Esto es lo que se conoce como nearshoring, en contraposición al offshoring que se refería al traslado de producción a Asia durante el proceso de globalización antes descrito. Varios países en América Latina son ahora potenciales beneficiarios de este cambio, como por ejemplo México y países en Centroamérica. Sin embargo, vale la pena resaltar que con estos cambios se pierden algunos de los niveles de eficiencia conseguidos en el pasado y esto hace que, eventualmente, sea más difícil mantener la inflación baja, como sucedía en el pasado.

- A entender de BlackRock, ¿en qué conviene invertir hoy en día y en qué no conviene hacerlo, considerando sobre todo la alta incertidumbre del entorno internacional que parecería no acabar?

-No hay una única respuesta a esta pregunta porque las características de cada inversor son diferentes. Por ejemplo, creemos que para una persona con un horizonte extendido de inversión (que está invirtiendo sus ahorros pensando en la jubilación dentro de muchos años, incluso décadas por delante), una cartera diversificada de inversiones, tanto en clases de activos (renta fija, acciones y activos alternativos) como inversiones en bienes raíces u otros sectores, es la mejor alternativa. En cuanto a preferencias específicas, vemos un atractivo mayor, en general, en las acciones y los bonos corporativos, por encima de los bonos de gobierno. En cuanto a sectores, tenemos una preferencia por aquellos que se benefician de tendencias de largo plazo, como los cambios demográficos (donde el envejecimiento de la población está causando mayor demanda por servicios y productos de salud) o la transición climática (donde sectores tecnológicos y/o de materias primas ligadas a la adopción de electromovilidad verán una positiva evolución). Para inversores con un horizonte más reducido (en los próximos seis a 12 meses, por ejemplo), nuestras preferencias se inclinan por activos que son más defensivos en un entorno actual de mayor incertidumbre y con el riesgo de una recesión en varios países. En este caso, la renta fija de corto plazo, incluyendo los bonos de gobierno, ofrecen mayor seguridad y un atractivo rendimiento, ante las mayores tasas de interés que han subido los bancos centrales. En el campo de las acciones, las de economías emergentes, incluyendo a China, presentan un mayor atractivo que las de mercados desarrollados, que están más expuestas a un ajuste económico. Por último, sectores más defensivos en mercados desarrollados, más resilientes en un entorno de desaceleración económica o recesión. Ejemplos de esto son empresas que producen bienes de consumo esencial (como lo son los alimentos, medicamentos) o las empresas que ofrecen servicios públicos (electricidad, gas, telefonía).

- ¿Qué proyecciones sobre los mercados hacen para lo que queda de este año y 2024?

- Creemos que el régimen de mayor volatilidad económica y de mercado está vigente, y no se va a ir a ningún lado. La visión que tenemos de la primera mitad del 2023 es que este período estará dominado por el ajuste que los mercados tendrán que hacer en sus precios para reflejar las consecuencias de mayores tasas de interés, tanto en la actividad económica como en el sistema financiero. Esto en relación con los países desarrollados. En cuanto a países emergentes, vemos una dinámica diferente, basada en la recuperación del crecimiento en China y mayores perspectivas que los bancos centrales en esos países comiencen a recortar sus tasas de interés (los cuales comenzaron a subir las tasas con mucha mayor antelación comparado con sus pares de países desarrollados). Es por lo anterior que tenemos actualmente una mayor preferencia por acciones emergentes por encima de la de mercados desarrollados. A medida que ingresamos a la segunda mitad del año y durante el comienzo del 2024, anticipamos que los mercados financieros ya empezarán a reflejar recuperación potencial en el crecimiento económico de los países desarrollados (una vez que los bancos centrales constaten que han podido controlar la inflación a sus rangos objetivo). En esta transición creemos que será el momento oportuno para rotar fuera de acciones emergentes e incrementar la exposición a mercados desarrollados, particularmente Estados Unidos.

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