HORACIO BAFICO/GUSTAVO MICHELIN
La decisión que adopte el gobierno en materia de tarifas eléctricas puede inducir a las familias a adoptar un comportamiento que desemboque en una situación inconsistente con la capacidad que tiene el país para generar energía.
En el tema energético no son pocos los ejemplos de decisiones de políticas de precios que terminan en situaciones donde la pérdida de eficiencia resultante para la sociedad en conjunto es incomprensible. Un ejemplo claro es el exceso de automóviles familiares con motor a gasoil que explotó en la década de los 90 y que llevó a que la refinería de Ancap produjera naftas en exceso y debiera incluso exportarlas.
En el tema calefacción se ha visto a lo largo de la historia como se pasó de la estufa a queroseno, a los tubos de cuarzo, a la estufa a supergás y al Split de aire acondicionado. La misma historia con la energía utilizada para las calefacciones centrales: fuel oil, leña, electricidad o gas por cañería. Es indudable que el precio es una de las principales variables al momento de elegir.
INCONSISTENCIA. La mayor demanda de energía que genera un subsidio tiene que ser respondido por la oferta al mismo costo, pero ello no siempre es posible. Con la energía eléctrica existe el agravante que no se puede almacenar cuando se produce en exceso. Por tanto, la capacidad de generación debe evolucionar junto con el consumo. En el caso uruguayo no hay más disponibilidad de generar electricidad en base a represas pues no hay más alternativas de embalse que las que se explotan hoy. Todo el aumento de la demanda en los últimos años se satisfizo por inversiones en centrales térmicas.
Un estímulo a la demanda a través de un menor precio llevaría a que los hogares decidan invertir en los aparatos y equipos necesarios para la nueva fuente sustituyendo la anterior que es más cara. Esto va a obligar a UTE a recurrir a alternativas más costosas o realizar nuevas inversiones para satisfacer la demanda, lo que eleva sus costos. Por lo tanto, la brecha entre el precio subsidiado y el costo de producción se hace cada vez más grande y por lo tanto dificulta el mantenimiento del subsidio.
PRECIOS. De acuerdo a los precios utilizados para estimar el IPC, la tarifa promedio de energía eléctrica se ubica en la actualidad 74% por encima del valor vigente a enero de 2005, la de supergás 4%, la del gas por cañería 50%, al tiempo que la leña duplicó su precio en dicho período.
En el precio relativo inciden el precio internacional del petróleo ya que el del gas o supergás están vinculados al mismo. Como es un precio internacional también hay una incidencia del tipo de cambio. Por el lado de la electricidad los costos de producción difieren sensiblemente si se puede generar con base hidráulica o si es necesario quemar combustible y por lo tanto hay una dependencia muy grande con el nivel de lluvias en las cuencas donde están las represas (Río Negro y Río Uruguay). Los principales competidores de la electricidad son la leña y el supergás. En lo que refiere a este último, se abarató relativamente frente a la electricidad a lo largo de todo el período. No obstante, a partir del presente año, se revierte la tendencia a raíz de la política de tarifas que implementó UTE, privilegiando a los hogares de menor consumo. Ello se ve reflejado en el IPC, que muestra que en lo que va del 2011 la tarifa eléctrica se incrementó 5,7%, mientras que el supergás lo hizo 17,4%.
En lo que respecta a la leña la comparación es favorable a la electricidad, salvo algunos momentos puntuales como el segundo semestre de 2009, en el que sus precios prácticamente no variaron. A partir de 2010 y hasta el inicio del otoño del 2011, el precio de la leña aumentó por encima del de la energía eléctrica.
CONCLUSIÓN. Los objetivos sociales y de inclusión de barrios marginales pueden llevar a que mediante la política de precios de los energéticos se genere una sustitución de fuentes de calor para cocinar o para calefaccionar los hogares. Se trata de una sustitución que involucra decisiones de inversión que son muy importantes para los hogares y que una vez realizadas es difícil volver a pasar a otra fuente de energía. Esta tendencia artificial se sumaría a la ya presente preferencia de la energía eléctrica para los consumos de confort. Es una fuente más limpia y de menor costo operativo en el caso de calefacción. Forma gran parte de los bienes de consumo duradero que se compran hoy por su abaratamiento relativo.
El país tiene serias limitantes en infraestructura para generar energía eléctrica y un exceso de demanda puede llevar a que surjan faltantes. Al desafío del crecimiento económico y la mejora en el ingreso de los hogares se le podría estar sumando un efecto negativo si no se instrumenta correctamente.