INFORME

La firma uruguaya que conecta inversores con empresas con proyectos sostenibles, ¿qué es lo que busca?

Capital Oriental vincula inversores con empresas y proyectos del país que tienen un impacto positivo.

Finanzas sostenibles.
Finanzas sostenibles.

Las finanzas sostenibles cada vez cobran una mayor relevancia a nivel mundial. En ese contexto nació Capital Oriental, firma uruguaya que tiene el foco puesto en las inversiones sustentables en el país. ¿A qué se dedica? Vincula inversores con empresas y proyectos que tienen un impacto positivo en lo medioambiental y/o lo social, además de ser atractivas y rentables desde el punto de vista económico.

Uno de los socios de la compañía, Jaime Miller, explicó a El País que los indicadores ESG (siglas en inglés de medioambiente, social y gobernanza) están cobrando relevancia en los fondos de inversión y en los inversores individuales. Además, los gobiernos están dando incentivos para que las inversiones vayan por este camino.

El equipo está integrado por Miller que, entre otras cosas, es el exdirector ejecutivo de Uruguay XXI. Según explicó, aporta su experiencia en atracción de inversiones. Los otros dos socios son Agustina Bomio y Jean Jacques Bragard (ambos de Bragard Abogados) que “tienen mucha experiencia en lo que es la estructuración legal y financiera. Aportan a la empresa un know how del armado de una estructura para recibir inversiones”.

¿Por qué la empresa decidió apuntar a las finanzas sustentables? “Hay un componente de mercado. Hay muchísima liquidez en el mundo desarrollado y, sobre todo, muchísima liquidez en lo que refiere a financiación de proyectos de impacto social positivo”, dijo Miller.

En esa línea, señaló que la Unión Europea se comprometió a reducir a cero las emisiones para 2050, lo que genera que “los gobiernos y los inversores individuales condicionen sus inversiones a que tengan un impacto positivo”. Además, los fondos de inversión que utilizan los criterios ESG “están creciendo a tasas de doble dígito”.

¿Por qué Uruguay?

 Miller entiende que “es el momento de Uruguay” y, apalancándose en la estabilidad que ofrece, pueden traer “buenas inversiones”. La situación nacional “da la base para que, a nivel país, los criterios ESG puntúen muy alto”. Además, “ofrece bajos riesgos” y, al mismo tiempo, “posibilidad de generar valor más allá de los económico”.

El socio de la empresa indicó que se está en una coyuntura regional “donde los valores tradicionales de estabilidad económica, seguridad jurídica y estabilidad social de Uruguay marcan una diferencia al estereotipo de una nación latinoamericana”. Si se miran los índices de calidad de democracia, de Estado de Derecho, de las libertades civiles y de la gobernanza, tiene “indicadores de un país de Europa occidental”.

La empresa Capital Oriental apunta a inversores individuales, inversores privados (llamados family offices) y fondos institucionales.

Proyectos.

Miller contó que una de las líneas que van a trabajar es la inversión es construcción que utilice materiales sustentables. En Uruguay se está desarrollando una planta de CLT (siglas en inglés de madera laminada encolada). “Va a ser la segunda planta y la más moderna en América Latina. Va a producir CLT uruguayo y, por lo tanto, vamos a tener la posibilidad de generar proyectos de inversión en construcción en madera estructural para hacer edificios en altura, viviendas individuales o depósitos”.

En esa línea, indicó que la “construcción en madera tiene un impacto ambiental mucho menor a la construcción tradicional. Por ejemplo, el hierro genera 35 kilos de dióxido de carbono (CO2) por metro cuadrado, el cemento 20 kilos y la madera cinco. Si se mira la huella de carbono mundial, el 30% lo hace la construcción. Por lo cual, si el mundo empieza a construir en madera, se aporta una solución importante para el problema”.

El socio cree que Uruguay se puede convertir en un líder regional en la construcción de madera estructural. Capital Oriental va a generar un portafolio de proyectos donde inversores institucionales puedan invertir comprando edificios de oficinas que estén alquilados o financiar hipotecas de compradores de viviendas.

Por otra parte, Miller contó que un área donde se va a poner foco es en la educación en la tecnología. A nivel global, incluido Uruguay, hay una escasez de talento en informática. Al mismo tiempo, cada vez hay una mayor digitalización, lo que implica un aumento de la demanda de personal capacitado, comentó.

En Uruguay hay 3.000 vacantes porque “no se tiene el talento calificado en la velocidad suficiente”. A sueldo de la industria, esos puestos son unos US$ 120 millones en salarios que no se pagan y US$ 50 millones que podría tener el Banco de Previsión Social (BPS).

En ese contexto, están generando “propuestas de inversión en escuelas de software que conviertan personas al mundo de la tecnología. Cualquier inversión que se destine a eso va a tener un retorno asegurado porque esos individuos van a tener un empleo muy bien remunerado”, señaló.

Otro foco que tiene la empresa es la agricultura sustentable. “En Uruguay el 60% de las lechugas son hidropónicas, lo que significa que nunca tocaron la tierra y, por lo tanto, no usan fertilizantes ni agroquímicos. Pensamos que la hidroponía es una actividad que tiene mucho para crecer en el país, y podríamos convertirnos en la Holanda de América Latina en lo que refiere a la producción de vegetales”.

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