En los últimos años las piscinas comenzaron a ser observadas desde una perspectiva diferente. Más allá de que el agua luzca cristalina, el impacto de los sistemas de desinfección sobre la salud se convirtió en un tema de interés para especialistas y desarrolladores inmobiliarios.
Giana Ramírez Bustelo, médica dermatóloga y asesora en salud y bienestar de Hold, aportó una mirada médica sobre un tema que, según afirma, aún genera confusión entre propietarios y administradores de edificios.
Uno de los conceptos sobre los que puso el foco fue el de las llamadas piscinas de sal. «Existe la creencia de que una piscina salinizada elimina por completo el uso del cloro o representa una alternativa totalmente distinta desde el punto de vista de la salud cutánea. Sin embargo, la sal no actúa como agente desinfectante por sí misma, sino que, mediante un proceso de electrólisis, se transforma en cloro activo», explicó. En definitiva, indicó, la desinfección continúa dependiendo del cloro, aunque el método utilizado para producirlo sea distinto y permita mantener el agua en condiciones sanitarias adecuadas.
La especialista subrayó que «muchas personas creen que al ingresar a una piscina de sal están evitando el contacto con el cloro, cuando en realidad el cloro sigue estando presente y continúa siendo el elemento que realiza la desinfección».
Para la piel, no hay una diferencia relevante entre el cloro agregado directamente y el generado a partir de la sal. Lo que influye es la concentración de cloro activo, la presencia de subproductos y, sobre todo, la calidad general del agua.
Por ese motivo, las consultas vinculadas con irritación, resequedad, ardor ocular o el empeoramiento de patologías como la dermatitis atópica y la rosácea continúan siendo frecuentes entre usuarios habituales de piscinas cuando existe una elevada carga química o un mantenimiento inadecuado.
La profesional remarcó especialmente la situación de los niños y los adultos mayores, entre otros grupos con una barrera cutánea más vulnerable y que, en muchos casos, pasan largos períodos dentro del agua durante la temporada estival. Asimismo, sostuvo que uno de los desafíos para la industria consiste en incorporar tecnologías que permitan reducir progresivamente la dependencia de sustancias químicas agresivas sin comprometer la seguridad microbiológica.
Desde Hold señalan que la incorporación de nuevas tecnologías apunta a reducir la dependencia de productos químicos sin afectar la seguridad del agua. En esa línea, la especialista explicó que algunos desarrollos inmobiliarios comienzan a incorporar servicios orientados no sólo al confort, sino también al bienestar de sus residentes.
«La conversación ya no pasa solamente por tener una piscina más moderna o más atractiva visualmente. Hoy las personas valoran espacios que cuiden su salud, que reduzcan la exposición innecesaria a determinados productos y que generen una experiencia más amigable para la piel», expresó.
Comprender el funcionamiento de las piscinas salinizadas permite a los usuarios tomar decisiones más informadas sobre las tecnologías empleadas para el tratamiento del agua.