En Uruguay se diagnostican 2.100 casos de cáncer de mama y fallecen 700 mujeres por esta enfermedad cada año, según señaló la oncóloga Marisa Fazzino. Frente a esas cifras, la detección en etapas tempranas adquiere especial relevancia, ya que permite optimizar el tratamiento y aumentar las posibilidades de curación o de alcanzar una larga expectativa de vida con una mejor calidad de vida.
En el país, alrededor del 70 % de los casos son detectados en etapas tempranas, indicó Fazzino. Una vez realizado el diagnóstico, el desafío pasa también por definir cuál es la estrategia terapéutica más adecuada para cada paciente y reducir las posibilidades de que el cáncer vuelva a aparecer con el tiempo.
Los avances científicos han ampliado las herramientas disponibles para hacerlo. Una mayor caracterización de cada tumor permite seleccionar los tratamientos con más precisión y avanzar hacia estrategias adaptadas a las características y al riesgo de cada paciente.
Tratar antes para disminuir el riesgo de recaída
Según Fazzino, la mayoría de los cánceres de mama diagnosticados en etapas tempranas presentan determinadas características biomoleculares, entre ellas receptores hormonales positivos y HER2 negativo. Estas características forman parte de los elementos que permiten definir las alternativas terapéuticas para cada paciente.
Entre los avances se encuentra la incorporación en etapas más tempranas de herramientas que ya se utilizaban frente a la enfermedad avanzada. "El cambio de paradigma consiste en utilizar una terapia eficaz mucho antes, cuando la enfermedad todavía se encuentra en etapas iniciales y existe una posibilidad real de curación", explicó Gonzalo Spera, oncólogo e investigador.
Uno de los avances recientes en esa dirección surge del estudio internacional Natalee, que evaluó la incorporación de ribociclib en determinados casos de cáncer de mama temprano con receptores hormonales positivos y HER2 negativo. Según explicó Spera, el estudio mostró una reducción aproximada de 25 % en el riesgo de recurrencia invasiva o muerte frente al tratamiento hormonal solo. La investigación incluyó además pacientes con diferentes niveles de riesgo de recaída y no únicamente aquellas con las características de peor pronóstico. Esa amplitud, sostuvo el especialista, permite acercar sus resultados a una mayor diversidad de situaciones que aparecen en la consulta cotidiana. "Los hallazgos pueden aplicarse a un grupo más amplio de mujeres y no únicamente a un subgrupo muy seleccionado", afirmó.
Personalizar los tratamientos y mejorar el acceso
La disponibilidad de nuevas alternativas no significa que todas las pacientes con cáncer de mama temprano deban recibir los mismos tratamientos. La posibilidad de incorporar nuevas herramientas plantea, al mismo tiempo, la necesidad de avanzar hacia una selección cada vez más precisa de las estrategias terapéuticas.
Las herramientas biológicas y genómicas forman parte de ese proceso. A medida que aumenta la capacidad de caracterizar la enfermedad y estimar el riesgo de recaída, los especialistas cuentan con más elementos para definir una estrategia terapéutica de acuerdo con las características de cada caso.
Spera identificó tres áreas en las que todavía es necesario avanzar. Una es determinar con mayor precisión qué pacientes necesitan tratamientos más intensivos y cuáles pueden evitar terapias innecesarias. Otra pasa por garantizar un acceso equitativo a las innovaciones terapéuticas. La tercera está vinculada al desarrollo de herramientas biológicas y genómicas que permitan personalizar cada vez más los tratamientos.
El acceso representa, en ese sentido, otro de los asuntos pendientes. Para Spera, los avances científicos necesitan traducirse en posibilidades terapéuticas disponibles para las pacientes, un desafío que alcanza tanto a Uruguay como al resto de la región.
El objetivo final es lograr que cada vez más mujeres con cáncer de mama temprano se curen y puedan continuar su vida sin que la enfermedad vuelva a aparecer. Esta es nuestra mayor aspiración y motivación diaria en nuestro trabajo