EMPRENDEDORAS
Hace 11 años Verónica Caumont lanzó junto a su hermana Little Collections y hoy está proyectándose para exportar.

En 2009, durante la última crisis financiera de EE.UU., Verónica Caumont trabajaba en un banco de inversión estadounidense. «La situación en el mercado financiero era bastante caótica», recordó Caumont. Frente a la incertidumbre que rodeaba su trabajo decidió emprender y junto a su hermana, María Victoria -que trabajaba en RR.HH.-, hicieron investigaciones de mercado en busca de una necesidad insatisfecha, de algo que faltara en Uruguay.
«Al final te das cuenta que siempre la respuesta es lo más simple: cuando quería comprar ropa para mis hijos tenía que ir a Buenos Aires porque no encontraba, la oferta en Uruguay era muy básica», contó la empresaria. Entonces, decidieron ir a EE.UU. y, aprovechando la época de descuentos, comprar ropa para niños e importarla para vender al por mayor en el mercado local. La inversión inicial fue de US$ 8.000.
«No nos conocía nadie y tuvimos que armarnos nuestra cartera de clientes. Al mismo tiempo seguíamos trabajando, entonces era muy sacrificado», dijo y agregó: «Los fines de semana agarrábamos valijas con muestras y nos íbamos a recorrer el interior del país».
La propuesta, que consistía en un mix de tendencias de las principales marcas de ropa infantil, gustó y al cabo de un tiempo pudieron dejar sus respectivos trabajos para dedicarse de lleno a la empresa, a la que nombraron Little Collections.
«Sin embargo, nos dimos cuenta de que teníamos un tope, porque en cualquier momento podían venir estas marcas e instalarse acá y nos quedábamos sin negocio. Que de hecho pasó con Carter’s», reflexionó Caumont.
Entonces, en 2011 dieron un «gran salto» que les implicó invertir todos sus ahorros y crearon su propia marca de ropa infantil. A pesar de que ninguna de las dos tenía experiencia como diseñadora confiaban en su ojo y en su capacidad de detectar las tendencias.
Viajaron a China en busca de proveedores para crear muestras. La calidad era una de las principales exigencias de las hermanas y, después de investigar, pudieron dar con fabricantes que cumplían con sus estándares. Cuando le presentaron los productos a las tiendas con las que solían trabajar en Uruguay «quedaron encantadas» y compraron su primera colección.
Desde 2012 el crecimiento fue constante, pero en los últimos cuatro años se dio un despegue y lograron duplicar la producción gracias al «boca a boca». Estaban en las principales tiendas del interior y la demanda crecía de forma sostenida.
Hasta que llegó la pandemia. «Cuando uno va creciendo tal vez no se sienta a planificar mucho, todo viene bien. Sin embargo, la pandemia fue un punto crucial donde tuvimos que decir: ‘o cambiamos algo o nos fundimos’», señaló Caumont. Fue así que, una vez más, volvieron a pivotear y su modelo de negocios dejó de ser 100% mayorista. Crearon una cuenta en Instagram, una web y comenzaron a vender al público.
Actualmente, la venta al por mayor representa el 80% de la facturación (tienen alrededor de 100 clientes), mientras que el 20% restante ingresa a través de la web. Anualmente hacen dos giras por el interior, que continúa representando la mayoría de sus ingresos y le explican a las tiendas cómo vender la colección. «Lo que compran es un producto atemporal, que se puede usar en verano e invierno. Y apostamos a una calidad que permite que las prendas se hereden», remató.