Los bienes y servicios no transables (aquellos que solo se comercian localmente) del Índice de Precios del Consumo (IPC) han estado muy por encima del rango esperado de inflación en el país en los últimos 15 años.
Así lo señaló la economista Tamara Schandy, socia de la consultora Exante, en un evento del Banco Central (BCU), poniendo el foco en esa porción del IPC, que a su entender habría que corregir.
“Eso es indicio de que los mecanismos indexatorios de contratos, la fijación de aumentos de salarios en función de expectativas de inflación desancladas de la meta, entre otros factores, dificultan la tarea del Banco Central”, dijo luego a El País. “De ahí mi énfasis en la importancia de coordinación entre política monetaria, política fiscal y política salarial”, agregó Schandy.
Otros economistas consultados por El País también advierten que si las subas de salarios se fijan con expectativas de inflación superiores al centro de la meta del BCU (actualmente 4,5%), la dinámica de precios locales seguirá estando arriba del centro de dicha meta. De esta manera, será difícil que la inflación converja a los objetivos del BCU.
Consultado al respecto por El País, el ministro de Trabajo y Seguridad Social, Pablo Mieres, reconoció que en las negociaciones colectivas las expectativas de inflación por encima de las proyecciones del BCU y los correctivos podrían empujar al alza de la inflación, pero “por otro lado inciden el aumento del consumo y de la recaudación”, lo que le hace contrapeso a ese factor. El tema, sin duda, da para mucho.
Cabe mencionar que, dentro de los bienes no transables, típicamente están los servicios de educación, salud, ocio (como restaurantes, recreación, cultura, servicios financieros, seguros), los que alcanzan alrededor del 30% de la canasta, si no se incluyen frutas y verduras.
Otras causas
Marcelo Sibille, gerente senior de KPMG, afirmó a El País que en lo coyuntural, el componente no transable del IPC explica que la inflación efectiva sea rígida a la baja, en buena medida porque hubo un encarecimiento significativo de las frutas y verduras por efecto de la sequía.
Efectivamente, en el primer cuatrimestre la inflación fue de 4,3% pero las frutas aumentaron 40% y las verduras 50%. Es de esperar entonces que, cuando se normalice la oferta y bajen los precios, haya una disminución en el componente de inflación no transable. De todos modos, el economista señala la existencia de una cuestión estructural que dificulta la baja de la inflación no transable.
“En parte se debe a un componente de inflación inercial, conforme al cual los formadores de precios se acostumbraron a convivir con tasas superiores al 7%. Implica un gran desafío modificar las expectativas, máxime cuando los antecedentes muestran que en el pasado el 80% del tiempo la inflación efectiva estuvo por encima de la meta”, dijo Sibille.
El economista agregó otro factor: el canal crediticio en moneda nacional es muy estrecho como para generar un impacto significativo en la demanda. “Uruguay sigue siendo una economía bimonetaria con un peso importante en las transacciones financieras en dólares”, comentó.
Si bien el canal crediticio en moneda nacional se ha ensanchado en los últimos años (la dolarización de créditos es menor, mientras que la demanda de dinero aumentó de forma significativa), la profundidad financiera –a entender de Sibille- sigue siendo relativamente baja. Esto hace que el aumento en la tasa de interés deje más en evidencia sus efectos indeseados.
Según Sibille el BCU no tiene más “remedio” que continuar con las herramientas que dispone, y en paralelo seguir con la estrategia de incentivos para profundizar la desdolarización de las transacciones domésticas. “Es justo decir que Uruguay fue el primer país de la región en bajar la tasa de política monetaria (TPM),de 11,5% a 11,25%, luego del apretón monetario general producido el año pasado, pese a que otros países incluso tienen inflación más baja”, defendió.
Investigación y propuestas para reducir los precios
El Banco Central del Uruguay (BCU) realizó en mayo un llamado a investigadores con el objetivo de identificar los factores que determinan diferencias significativas entre precios clave de bienes y servicios y su valoración para la economía uruguaya. Contratará hasta cinco trabajos de investigación que permitan que, una vez identificados esos factores, se cuantifiquen sus efectos sobre el bienestar de la población, e incluyan propuestas conducentes a la reducción de las diferencias de precios.
Negocioación
Nicolás Cichevski, gerente de Análisis Económico de CPA Ferrere, en diálogo con El País, puso foco en los acuerdos salariales.
“Si los sectores acuerdan los salarios con una inflación esperada por encima del rango meta e incluyen un correctivo por inflación pasada, vamos a seguir en la misma calesita”, afirmó.
“Si la inflación se mantiene elevada, los correctivos hacen que los ajustes nominales(de salarios) terminen siendo 8% o 9% y no 6%, que es el que surgiría de solo considerar la inflación esperada”, ejemplificó el economista.
A su entender, hay un tema de credibilidad en el BCU de fondo, ya que si los actores sociales no confían en que la inflación va a bajar como el organismo proyecta, las partes no se arriesgan a que los salarios aumenten solo 6%. El gran dilema es que si luego la inflación no baja, la recuperación del salario se ve postergada.
Por lo tanto, a su entender, habría que intentar que las pautas y negociaciones salariales reflejen el rango objetivo del BCU, incluso sin considerar correctivos. “Lo que sucede es que en este contexto y dado que ya se intentó hacer eso en 2021 y no funcionó (la inflación se mantuvo alta y los correctivos tuvieron que adelantarse), es más difícil convencer a empresarios y trabajadores que la inflación va a converger al 6 %”, reconoció.
Lo cierto es que estos problemas se han vuelto endógenos en el país, son centro de discusiones, y es difícil cambiarlos especialmente en un año previo al electoral como el que se vive.
Precio de frutas y verduras dispararon el índice general
Cichevski plantea otros aspectos de posible mayor utilización para abordar el tema de la alta inflación que caracteriza al país, entre ellos tomar la inflación subyacente o tendencial, y no tanto el nivel general ya que éste suele verse afectado, por ejemplo, por los precios de las frutas y verduras que se disparan por factores climáticos.
“Esos precios volátiles terminan aumentando el nivel general de inflación y se traslada, vía acuerdos salariales, al resto de la economía”, afirmó.
“Cuando uno mira la inflación subyacente, es decir sin los precios volátiles, se tiene una medida más estable de lo que es la inflación y se podría evitar que los aumentos bruscos volátiles se trasladen a los consejos de salarios y luego a la inflación no transable”, resumió.
Su planteo se refiere no solo a salarios, ya que los mecanismos de indexación aplican también a contratos que se ajustan en base a la inflación pasada, por lo que presentan el mismo problema.
Consultado sobre qué sucede en otros países, Cichevski respondió que en otras economías las reglas de indexación suelen ser menos frecuentes que en Uruguay.
“Nuestro país tiene un nivel de indexación elevado de los salarios y de su economía en general. Es algo que se arrastra de la época en la que la inflación era muy alta en el país, en especial hace unos 30 años, y hasta ahora ha sido difícil quitar esos mecanismos”, fundamentó. “No es fácil quitar los mecanismos de indexación si la inflación no baja, o sería muy costoso bajar la inflación”, concluyó.