Ya nos hemos ocupado de este tema; el título de la nota hace alusión al mismo. Todas vinculadas a trabajo, a mejorar la gestión de nuestro asociado, en la búsqueda de obtener respuestas para poder seguir en el yugo: yugo que en la base lleva implícito, dinero que se invierte. Porque el promotor privado, ya sea en la promoción tradicional o en la vivienda promovida o megaproyectos, invierte. Arriesga su dinero por un tiempo bastante laxo que puede ir de 3 a 5 años; desde elegir un terreno hasta “liquidar” un emprendimiento, que implica vender o arrendar las unidades. Y en el interregno, las vicisitudes pueden ser cuantiosas.
Todo ese “desgaste” que significa la construcción, se agudiza por el celo que se debe tener con la seguridad obrera, que por suerte en APPCU (y en las demás gremiales empresariales del sector), es una suerte de religión. Somos devotos de la seguridad en obra y la pléyade de actividades que realizamos, así lo testimonian. Y como colofón, nuestro instituto INCASCO (Instituto para la Capacitación de la Seguridad en la Construcción), nos hace redoblar esfuerzos en pos de tan caro anhelo.
También la lucha es cotidiana con la actitud obrera, donde la suerte va por barrios. Aquí los testimonios que poseo varían. Mucho asociado conserva plantillas de vieja data y con las mismas el trabajo es eficiente y la actitud para trabajar es óptima.
Otros pueden tener un problema cotidiano; a veces se producen distorsiones que afectan el regular trabajo. Estimamos que éstas últimas son las menos... Y aún no llegamos a la productividad de la mano de obra. Allí se juega otro partido y también la suerte es muy dispar.
Lo descripto es real; y no abundamos en el tema de los costos (hoy el manido dólar versus los costos en pesos, por ejemplo) y el aporte unificado de la construcción que deben pagar los promotores. Y volvemos al inicio: sumado a lo descripto, le agregamos muchas veces la falta de respuesta de los organismos competentes en acusar recibo, entonces el combo es completo. No atañe al gobierno del FA; es endémico.
Existe algún organismo, vital para el promotor, que gracias a la buena voluntad de un funcionario logramos alguna respuesta para nuestros asociados. Pero se hace a tracción a sangre. Y obviamente dicho funcionario se ve desbordado porque los pedidos son cuantiosos y aduce que no tiene personal. Hay mucho compromiso asumido por el promotor y mucho dinero por cobrar…y todo ello está en tela de juicio. Sucede, reitero desde hace mucho tiempo, a veces es como el altar de la improvisación.
No quiero plantear una suerte de controversia, el burócrata versus el inversor…pero lo que sí tengo claro es que, deben jugar para el mismo equipo. Debería ser una cuestión de Estado, que al inversor (en este caso nuestros promotores) se le responda con la inmediatez que requieren las circunstancias. Así la respuesta sea o no conveniente a los intereses del
inversor; con ella el mismo sabrá a qué atenerse. Con el mentado “Ni”… no se construye país y seguiremos viajando por andariveles que hacen de la mediocridad y la pequeñez, su esencia.
Resta decir y es justo que así sea, que desde el Presidente de la República, el Secretario de la Presidencia, el ministro de economía, entre otros jerarcas, sí varios, tienen bien claro cuál es el panorama y estamos manteniendo un diálogo sostenido con miras a paliar en primera instancia lo narrado, e intentar dar fluidez a la respuesta que necesitan en este caso los promotores privados, desde el gobierno nacional y los gobiernos departamentales.
Aníbal Durán