NUEVA YORK | THE NEW YORK TIMES
Esta vez es diferente. Eso es lo que la gente dice cada vez que se infla una burbuja, y lo que piensa cada vez que la castiga el reventón. Sin embargo, siglo tras siglo, década tras década y año tras año, los seres humanos se exceden irracionalmente otra vez. No hace mucho, reventó la burbuja de la vivienda, lo que condujo a la paralización de la economía.
Ahora, los economistas, al reconocer que las burbujas tienden a producirse en montones, andan a la caza del siguiente mercado que quiebre. Dicen que los gobiernos, bancos centrales y organismos internacionales deberían analizar a fondo algunos cuantos mercados que pareciera probable que echen espuma en los próximos años, como los de capital en China, de materias primas como oro y petróleo, y el de los bonos gubernamentales en países fuertemente endeudados como EE.UU.
"A nivel mundial, mucho dinero está buscando ahora rendimientos más altos otra vez", dijo Rachel Ziemba, analista senior en RGE Monitor. La estabilización de la economía, las inyecciones de liquidez por parte de los gobiernos y grandes rendimientos producidos este año por los bancos de inversión están alentando a más empresarios a meter los dedos de los pies en el agua buscando la próxima gran cosa. Mientras las compensaciones y los bonos se basen en el desempeño a corto plazo en el mercado", explicó, "se alentará el comportamiento de buscar riesgos".
Las burbujas son episodios de locura colectiva humana: una euforia por las inversiones cuyos valores al alza desmedida son insostenibles. Tienden a surgir de la percepción de escasez próxima (como sucedió el año pasado con la burbuja del petróleo); de las tecnologías idealizadas cándidamente o de fronteras de inversión (como la .com de los 90, la de la radio en los 1920 o las múltiples de los ferrocarriles en el siglo XIX), o de obsesiones culturales pasajeras (como la burbuja de los tulipanes neerlandeses del siglo XVII o la más reciente de las muñecas Beanie Babies).
A menudo se basan en expectativas legítimas de un crecimiento elevado que se "extrapola a la estratósfera", como lo expresó el economista Daniel Yergin, presidente de IHS-Cambridge Energy Research Associates. Así es el temor por las inversiones en mercados emergentes como el de China.
"Soy un alcista de hace mucho tiempo en Asia, pero en este momento es prematuro celebrar el Siglo Asiático, como parece que están haciendo algunos inversionistas", manifestó Stephen Roach, presidente de Morgan Stanley Asia. Por ejemplo, el índice compuesto de la Bolsa de Valores de Shangai casi se duplicó de noviembre a julio, antes de retraerse el mes pasado. "La gente parece creer que, sin problemas, se está pasando la posta del liderazgo económico mundial de Occidente a Oriente. Eso va a suceder, pero no por otros cinco o 10 años, cuando menos".
Una emoción similarmente prematura infló lo que se llegó a conocer como la burbuja del mar del sur, una manía del siglo XVII por el comercio británico con los mercados latinoamericanos emergentes (incluso Sir Isaac Newton, seducido por el espejismo de los precios de las acciones que aumentaban infinitamente, perdió mucho en la burbuja del mar del sur, lo que es irónico dada su apreciación de que lo que sube debe bajar.)
A los economistas también les preocupa que las burbujas de las materias primas, que tienden a ser más cíclicas, puedan volver a golpear. Los precios del oro y del petróleo están aumentando, y aun cuando ambos han tenido auges y bajas muchas veces en el último siglo, los inversionistas podrían apostar a un crecimiento alto en forma poco realista otra vez. Por ejemplo, los precios del oro han aumentado más de 30 por ciento con respecto a hace un año.
"Con cada burbuja en las materias primas, se ve todo un conjunto nuevo de reconversiones", explicó Yergin. "La gente encuentra formas para dejar fuera a la realidad de los procesos económicos. Si se disparan los precios del petróleo, los inversionistas siempre se sorprenden al ver que vuelve a bajar la demanda".
En cada uno de estos mercados, la inflación y la deflación de los precios serían dolorosas para los inversionistas, pero podrían no tener consecuencias de tan largo alcance como los colapsos de la vivienda y los créditos. Sin embargo, una burbuja de deuda soberana -que muchos argumentan está impulsando la aceleración del precio del oro- podría resultar más peligrosa.
Así que muchos países, como EE.UU., están acumulando semejantes deudas nacionales enormes como un porcentaje de sus economías de conjunto que podrían estar en riesgo de una mora final. Aun sin una mora directa sobre sus obligaciones, el valor de los bonos gubernamentales vendidos para financiar los déficit podría hundirse, lo que costaría mucho a inversionistas.
"Para hablar de una gran burbuja que realmente afecte a la economía mundial", dijo Kenneth Rogoff, un catedrático de Economía en Harvard, cuyo nuevo libro, Esta vez es diferente, hace la crónica de 800 años de crisis financieras impulsadas por la deuda. "La enorme acumulación de deuda gubernamental ha llevado a políticas fiscales que salta a la vista que no son sustentables en diversos países grandes", dijo. "Hasta ahora, el resto del mundo ha estado dispuesto a financiarla, principalmente con ahorros de China y otras partes, pero si se sacude la confianza de los inversionistas, podríamos ver el aumento de las tasas de interés de las deudas a largo plazo, y muy drásticamente".
Por lo general, se asocia a las crisis por las deudas con los países en desarrollo, como Brasil, Argentina o Zimbawe. Sin embargo, pueden afectar también a las economías grandes y ricas, donde la escala del daño mundial puede ser mucho mayor.
"Hay que ver a California", dijo Rogoff. "Es increíblemente rico pero los californianos quieren muchos servicios y no tienen ganas de fijarse más impuestos para pagarlos. Se puede ser increíblemente rico y de todas formas quebrar".
La variedad y profundidad del dolor desatado por la crisis reciente de la vivienda ha llevado a los líderes políticos y los banqueros centrales a reconsiderar sus deberes para prevenir en lugar de sólo responder a las burbujas potenciales, y lo mismo es cierto para las que los economistas prevén hoy.
China ha empezado a restringir la política monetaria para frenar toda la publicidad que rodea a sus títulos. Los políticos en EE.UU., aunque divididos, están discutiendo las formas de controlar los déficits.
Se espera que el Grupo de los 20, en su próxima reunión en Pittsburgh, trate las formas de calmar los frenesís financieros. La solución podría implicar regulaciones adicionales, lineamientos para las indemnizaciones financieras y requisitos para una mayor transparencia en los mercados, para que de esta forma, al menos en teoría, los inversionistas puedan juzgar mejor lo que están contratando. Sin embargo, sin importar que tan restrictivas puedan ser las nuevas regulaciones, dicen los economistas, no pueden derrotar completamente a la naturaleza humana. Los inversionistas seguirán estando hipnotizados con las transacciones para hacerse ricos rápidamente, buscando inversiones que se dupliquen mágicamente, sin trabajo ni problemas.